Pocas personas se dan el lujo de saber que
hicieron en esta vida todo lo que se les dio la regalada gana.
Se maduró biche y desde muy niño le tocó ponerle el pecho a la
vida.
No se graduó, en parte porque no tuvo quién le
enseñara la palabra disciplina y en parte porque el sistema escolar no fue
hecho para las personas pensantes, solo pretenden que los estudiantes arrumen información,
pero no promueven la iniciativa, invención e inteligencia, lo que a él le
sobraba.
No obstante muchos abogados fueron a su
consulta para saber cómo resolver cuanto ‘peo’ legal tenían enredado, ya que en
eso se especializó en la universidad de la vida. Construyó edificios de
vivienda y comerciales sin saber donde quedaba la escuela de arquitectura. En
las lides del agro, no había quien le echara tierra en la cara. Crió ganado y caballos de paso fino, sembró y extendió riegos por varias zonas de nuestra Costa
Caribe. Compró y vendió propiedades. Tenía claro que los mercados suben y bajan, pero las
propiedades ahí quedan. Lidió con cuanto carro viejo se le atravesó, ¡Le encantaban!
Supo escoger a su mujer, la mejor, y criar a sus
hijos como un amigo más. Se volvió loco con sus nietos. No había necesidad de ‘usted’, sin
tabúes, sin golpes, siendo un amigo, con autoridad, pero sin perder su bacaneria.
Siempre protegió a su familia, incluso de sus propias loqueras. Protegió y a
veces súper protegió, pero ajá, nadie nos enseña eso.
Tenía la particularidad de poder entablar conversación
con cuanto cristiano se le atravesaba y se movía con igual soltura con el
alcalde que con el vaquero de la finca. Con el humor
más afilado e inteligente que hasta ahora he visto. Su conversación enamoraba, y eso que siempre iba en contra de la corriente.
Escribió un libro, sembró muchos árboles y tubo
sus hijos, lo que, dicen, hay que hacer para saberse que pasaste por estas
tierras. Y él pasó dejando una huella imborrable por donde fue.
No era perfecto, no, recuerdo sus buenas, pero
no desconozco sus malas. Pero cada defecto que le encuentro, exalta mas sus
virtudes. ¡A fácil que fuera la vida si uno no cargara con defectos!
Se murió y se devolvió, volvió a hacer lo que quiso
y cuando ya no quiso, se fue. El overol le quedó chiquito, su alma era demasiado
activa para estar encerrada en un cuerpo de carne y hueso.
Qué gran falta me
haces, hoy se que debí aprovecharte mas, ¡Todo sería más fácil!
Hoy cumple años y en el cielo deben estar de
fiesta, ¡Corraleja y papayera! Eso por seguro.
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