Thursday, April 19, 2018

Las noches de por la mañana

De soltero, no recuerdo haber vivido muchas mañanas al derecho, sólo veía el sol antes de acostarme y no después de levantarme, como la gente normal.

Entre los ¿qué se yo? 17 y los 25, que me casé,  no recuerdo muchas noches, de fin de semana, que me acostara a la hora que era y me levantara cuando debía.

A la playa sólo iba después de 4, es  que la playa en la mañana era una noche iluminada; una noche extendida que se metía al día siguiente, pero que seguia siendo ayer.

Como trasnochaba mucho, dormía mucho. Una vez, estando de paseo, en la Pintada, Antioquia,  estábamos amanecidos y caí dormido a eso de las 3 de la tarde, cuando eran las 6 de la tarde, del día siguiente, pasadas 27 horitas, la mamá de mi amigo lo mandó a que me despertara, "es que no ha ido ni al baño", dijo. Cuando salí de mi guarida, la 'mamadera de gallo' no se hizo esperar.

La noche tiene su encanto, la noche tiene su cuento, es complice, es inspiración, no piensas lo mismo de noche que de día. Las luces,  las sombras, la soledad, el silencio o la recocha, todo es mejor de noche. Hay cosas que de noche se ven bonitas, que cuando sale el sol ya no lucen tanto.  Un maquillaje trasnocha'o, un moño mal parquea'o o una novia desconocida, son diferentes a la 1, que a las 7.

Un día estábamos en el grado de colegio de un amigo, ese día terminamos en la casa de otro, que sus papás estaban de viaje. Cuando quiso ser medio día, el hambre era inhumana, y allí lo único que había era ron. 

A uno lo llamó la mamá angustiada y él para calmarla le dijo: "Tranquila mami que yo no estoy tomando", a lo que la señora le preguntó: "¿Entonces por qué no te vienes?" y él le ripostó: "Apenas se acabe la botella me voy".

A otro le dije, con preocupación, "llama a tu casa para que tus viejos no se angustien" y él, muy orondo, me respondió: "No porque después se dan cuenta que no he llegado". Yo quedé más preocupado que sus papás.

Tratamos de reunir todas las monedas que teníamos, pero el botín no era mucho, así que nos dimos a la tarea de llamar a todos los restaurantes chinos de la ciudad para cotizar la caja de arroz más barata del mercado.

Luego de muchas llamadas, y de ir bajando las pretenciones, llamamos al restaurante chino más desconocido y barato de la ciudad. De cada cucharada de arroz frito, salían dos bolas de arroz blanco.

Cuando llegó el domicilio, nos vio que estábamos enrumbados, con los enteros a mal poner, las corbatas torcidas, etc. De una nos dijo que como andábamos de rumba él nos podía proveer marihuana,  perico, lo que necesitáramos. No sabía él que de ahí, metiéndo a todos a una licuadora, no salía un 'burro'. Un amigo, que es muy jodedor, le dijo al tipo que le diera 'un cacho' de marihuana, para ver de qué calidad tenía.

El dueño de la casa, que se había ido con la caja de arroz a la cocina, no se dio cuenta de la pilatuna que se le venía. Pues, este carajo, con el cachito que le dieron, se fue al cuarto de los papás y lo quemó como si fuera incienso en Semana Santa.  Cuándo el dueño de casa se percató, debido a las carcajadas de todos, corrió a abrir las ventanas y con un abanico debajo de cada brazo, apaciguó el olor,  que hubiese sido suficiente para que lo llevaran a recuperacion, antes de fumarse su primer porro.

Las noches 3/15 no tienen comparación, no sé si la vida fuera más justa si todos anduvieramos 3/15, el problema es cuando la matemática falla, y la pea se viene negra. Amaneces con más dolor en la conciencia que en la cabeza. Los guayabos morales son mucho peores que los físicos. Yo aplicaba  la del avestruz,  escondía mi cabeza y esperaba que el tiempo todo lo cura. El dolor de cabeza y las vergüenzas. 

Siempre agradeceré que más allá de alguna ventana rota, un carro maltratado o cualquier metida de pata con la lengua, nunca hubo casos mayores que lamentar, creo que a nadie dejé cojo, ni me multipliqué,  pero aún me pregunto cómo no fue peor. Es que a mí me tocó la época en que el alcohol y la gasolina se mezclaban sin vergüenza alguna, hoy la multa hubiera sido de cadena perpetúa.

Agradezco que hoy todo haya cambiado,  mi hijo es noctámbulo, cosa que detesto, pero no parrandero, y no es lo mismo un irresponsable bueno y sano, que un irresponsable borracho. No sé como mis papás no me enjaularon, pero yo como padre no hubiese soportado ni los primeros carnavales. Me encantan aquellas noches de anoche,  pero no siempre quien las vive es quien se las goza.

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