Monday, April 11, 2016

La Generación del Ala'e Pollo - Un Repaso por mi Generación!!!!!!

Nacimos y crecimos en una sociedad convulsa,  somos una generación en transición, fuimos el fusible entre los conservadores días de la virginidad y los modernos tiempos del matrimonio gay. Vivimos ‘ensanduchados’ entre nuestros hijos que nacen manejando un iPad y nuestros padres que no usan el cajero electrónico. Nos tocó adaptarnos a los cambios, al PC, al iPhone, al tv cable, al crecimiento mal planificado, a la globalización y el internet. Crecimos cuando Escobar no era una novela; cuando ponían bombas hasta en las escuelas; los secuestros, los marimberos, los Paras, las guerrillas, minas quiebra patas y los traquetos. Nos educaron entre el discurso moralista de la casa y el mensaje traqueto de la sociedad. Somos la generación de las marcas, la apertura económica, los no valores, el político bandido, las prepago y la injusticia de la justicia.

Barranquilla aún vivía del buen nombre, la "Puerta de oro de Colombia", pero había entrado en un largo letargo de malos gobiernos. Había dejado atrás los rimbombantes proyectos empresariales de principios de siglo; ya no era la reina de la aviación, ni la radio; la construcción de los tajamares de Boca de Ceniza, por allá en 1936, dejaban ver el abandono de Puerto Colombia, solo sus viejos podían recordar la pasividad de sus aguas, cuando aún tenían a Isla Verde para que la cuidara.

Arrancaban los años 70s, con sus hippies y sus drogas de 'peace and love'. Aunque era la ciudad más importante de la costa, Barranquilla seguía siendo una ciudad pequeña, parroquial, donde todos se conocían. Donde no habían muchos carros y donde aún reinaba el machismo caribe, la bacanería, el folclorismo y el catolicismo.

Hacían ya 4 años que Gabriel García Márquez había publicado sus "Cien años de Soledad". Y 2 de que el hombre pisara, por primera vez, la Luna.

Esa década contó,  o padeció, con las presidencias de Pastrana papá (Último del Frente Nacional),  Alfonso López  (padre, ¿padrastro? de lo que hoy tenemos como la Colombia moderna) y Turbay (Otro responsable de la Colombia política de hoy).

El Junior nunca había podido ser campeón en su "Romelio Martínez"; el Carnaval aún corría por la 44. La Troja cumplía 5 años; La Gran Parada, solo 4; y el Festival de Orquestas,  dos. Tres años después Estercita Forero se inventó la Guacherna.

La calle Murillo ya había echado abajo al hotel Astoria y abría paso para la ampliación de la Vía 40. Aún las calles se llamaban por sus nombres y no por los fríos, pero organizados, números. Ya la calle Dividivi (45), no era tan común, pero si la calle de las Vacas (30), Olaya Herrera (46), 20 de Julio (43), Callejón Vesubio (29, donde nació el Junior), la Aduana (50), Callejón de las Viejas (50b), la Maria (54) o el Limón (49), solo por mencionar algunos casos.

La construcción del puente Pumarejo, allá por el 74, traía gran influjo migratorio, ahora ya no internacional, sino intermunicipal; lo que le quitó la hegemonía de la arepa'e huevo y los fritos al gran Peñita.

La familia era liderada por un padre trabajador que fungía de rey, la madre asumía el manejo del hogar y se ubicaba siempre tras bambalinas; los hijos tenían su jerarquía según el orden cronológico, siendo así sus derechos y responsabilidades.

En general, habiendo muchas excepciones, para ejemplarizar el modelo: Si había un pollo asado para el almuerzo, al padre le tocaría la pechuga y poco a poco irían despresando al plumífero, tocándole al más chiquito el ala. Esa es mi generación: ¡La generación del ala'e pollo!

Nací en una casa de dos pisos, grande, o así la recuerdo yo, cerca al Biffi de la 85. Papá,  mamá,  abuela y un hermano mayor. No recuerdo mucho esa casa. Tal vez su patio, su garaje (donde aprendí a montar bicicleta), su escalera con baranda negra y su frente en ladrillo rojo. A los 6 años nos fuimos a vivir a Cartagena. La entrada de los Guajiros ‘mágicos’, estaba volviendo invivible la ciudad, al menos eso entendí.

La Silla Coja Tasca, El Palacio de Quique y discotecas como La Naranja Mecánica, Tiphany’s Club y La Luna. El Country Club, con sus canchas de golf en lo que hoy es Villa Country; el Club Alemán y el Club Barranquilla, del centro, mandaban la parada.

Hasta el 77, un 14 de Diciembre, esperamos para ver a "tu Papá" coronarse campeón. Un Junior de obreros, comandados por la "Bruja" Verón, le dieron una de las mayores alegrías al pueblo barranquillero. Que repitió copa justo 3 años después.

Era la época de la marimba,  las Rangers, los grandes Cadillac y Buicks,  las Blazers, los Guajiros, las Magnums, las metras, las ruletas rusas, la locura. Las balaceras, los Cardenas y Valdeblanqez, los Tin, los sobrenombres, las historias fantásticas de como coronaban los embarques y pesaban la plata pa’ no contarla.

Cerraban discotecas, y quien estuviese dentro debía quedarse hasta que el rufián de turno le diera la gana de irse. Historias de bárbaros que les gustaba tu pareja y se acercaban a ordenarte  que te fueras “por la buenas compi”, porque "esa hembra, me gusta". ¡Se puteó la tierrita!

Con los Guajiros, los Vallenatos son sacados de los potreros para ser oídos en las casas de los patrones. Empiezan su recorrido a la fama, aunque aún son vistos con mala cara por algunos,  son disfrutados, al calor de un ‘whiskeicito’, por muchos.

En el 79 aparecen los colores en la televisión y el inolvidable Chavo.

Los 80s entraron con ese mismo ritmo loco. Muy rápido aparecieron los "Traquetos", que con su coca hacían mucha más plata. Y los Guajiros Marimberos fueron desapareciendo. Se mataron entre ellos, se arruinaron. Y se fueron por donde vinieron.

En casa, desde niños, sabíamos que debíamos respetar  a papá, mamá y adultos; por ejemplo, si dormían la siesta, entrar al cuarto o hacer bulla no era aceptado, uno lo sabía y lo asumía. Pelear a puños con el hermano era pecado con castigo, en mi caso no había mucha posibilidad por la diferencia de edad con mi hermano, sería suicidio. No recuerdo dormir en la cama de mis papas. En mi casa los paseos familiares eran a la finca. No éramos de mucho viajar. La ropa ni la recuerdo, no era algo a lo que le pusiera atención y por supuesto, no había marcas de renombre.  Los regalos eran muchos, pero no en exceso. Recuerdo tener bicicleta, patines, balón, la inmejorable ‘Estralandia’ (no entendí cuando fue desplazada por el burdo Lego), recuerdo la llegada de Fisher Price y, ya más grande, el famoso Atari y el genial Pac Man.

El M19 se toma la embajada Dominicana en abril de 1980.

En el 81 se crea el MAS (Muerte a secuestradores) que fueron los primeros indicios de paramilitares financiados por el narcotráfico, o narcotráfico disfrazado de víctima.

Las guerrillas tienen tomado el campo colombiano. Se oye, con cada vez más frecuencia, la palabra secuestro. El EPL se convierte en la mayor amenaza de pueblos y finqueros. Pero no son las únicas guerrillas: M19, FARC, ELN, Quintin  Lame, etc.

Los 80s son la década de la mejor música, había de todo en cantidades. A nivel de lo que se le llamaba música Americana: Prince, Springteen, Billy Joel, Lionel Richie, Tina Turner,  Cher, Kiss, Bon Jovi, y Jackson que aparece con su Thriller, en fin... Una pléyade infinita de nombres. Menudo, Bob Marley. El Rock en español, Calamaro, Fito Páez, Santana, Prisioneros. En música tropical, entra con fuerza el merengue de Wilfrido, la Salsa del gran Combo, Eddie Santiago, Niche, Celia Cruz, el rey de reyes Joe Arroyo, el Binomio, los Zuleta y Diomedes, entre muchos otros.

Ya Belisario les quitaba la presidencia a los liberales con el cuento de la paz,  llegaba al poder de la mano de la palomita, que fue pintorreteada en todo el país. Después de él, Barco le devolvería la presidencia a los liberales, siendo el último que llegó blandiendo el trapo rojo. En adelante todos tratarían de usar diferentes nombres, para desmarcarse de los vetustos partidos y mostrarse como una opción nueva.

El guayabo del carnaval del 84 fue con el estremecedor caso de las Kaled, un caso que enlutó a la ciudad y que aunque hubo culpable y condena, siempre dejó el sabor que detrás habían escondidas figuras que no pagaron su culpa. Era el tiempo del F2.

En el 85, el país lloró con Omaira y la tragedia de Armero. La tv transmitió en vivo cómo, poco a poco, moría la niña aplastada entre el lodo. Al final murieron 20,000 de los 29,000 habitantes que tenía el pueblo.

Un año después vino la matanza de Shadow, con la caída del ‘7 mujeres’ que se creyó el cuento y trató de vivir en verdad, lo que actuó en su novela.

Ese mismo año 86, fue el regreso a Barranquilla de nuestra familia. "Cartagena no es pa' criar pela'os" dijo mi papá,  agarro sus motetes y para atrás vinimos. Al Cervantes fui a dar.

Esa es la Barranquilla de mis amores. La que recuerdo, la que añoro y la que no volveré a tener. La que a pesar de lo que ocurría en el país, nos dejaba vivir tranquilos. el mejor vividero de Colombia. La de la bola'e trapo, la siesta, la fiesta de velitas, las rumbas en las casas, los amigos de la cuadra. Vivía en frente del colegio, por esto era el último que llegaba. En mi casa no había teléfono,  los pares telefónicos no alcanzaban para toda la cuadra. El agua llegaba 2 veces a la semana. La luz no sé si llegaba o se iba 2 o 3 veces por día y la llamada telefónica, por tono,  había que esperarla, al menos 4 o 5 minutos. El bienestar se media en calidad de vida y no en mts2 de construcción o en número de carros vendidos al año. Me tocaron tiempos difíciles, convulsionados, pero era una ciudad chévere, que no era ruda con el ciudadano, la gente se conocía y los vecinos de cuadra eran tu familia extendida.

En el 87 asesinan al candidato presidencial Jaime Pardo Leal. Coronando el genocidio contra la Unión Patriótica (UP), brazo político de la guerrilla FARC, al que le fueron asesinados más de 3,000 militantes.

En el 89 el país se estremece con el derribo del avión de Avianca y el asesinato de Galán. Fue algo increíble, como todo lo que pasaba en ese tiempo. Galán ya había claudicado frente a la vieja maquinaria Liberal, pero el país creía en él. O por lo menos creyó en él luego que lo asesinaran. No sé si el tipo tomó tal estatura por lo que hizo o por lo que representó con su muerte.

Los 90s llegaron sin previo aviso, ya estábamos en la universidad, haciendo poco, disfrutando mucho. Esta fue una de las décadas más violentas de la historia del país. Al menos la que más notoriedad tuvo. Las guerrillas y los ‘Paracos' masacraban en los campos y pueblos alejados. Mataban de a uno en las ciudades. Pero los 90s de Pablo eran a bombazo limpio. Sin distinción de raza, edad o credo. No salía uno del estupor de un acto, cuando ya estaban los periódicos hablando de otro peor. Tumbaron aviones en vuelo, volaron el DAS y el Espectador. Los de Cali le echaban plomo a Medellín, los del Norte al de Cali y todos al de Medellín. Era como una película que se rodaba en vivo y de la que uno era un actor de reparto, esperando no llegar a ser ascendido a actor principal, salía más gente en ‘Policías y Judiciales’, que en las ‘Sociales’.

En mi casa mi papá seguía siendo un bacán, amigo de mis amigos, con un vocabulario y un mensaje juvenil que lo hacían accesible a nosotros, sus hijos y a nuestros amigos. Él tenía la autoridad en casa, pero no solía ganarla a la fuerza, solo la tenía. Con él no era necesario el ‘Usted’, como en la generalidad de las casas de la época. En Navidades y Año Nuevo, la exigencia era ir en familia a misa, esa se cumplía, yo la rabiaba, pero me tocaba. De resto poco era la exigencia en casa. Normalmente durante las fiestas cenábamos en familia y ¡pa’ la calle!

En el 90, 94 y 98 fuimos a los mundiales de futbol. Las rumbas, en eliminatorias y durante el torneo, eran monumentales, trágicas, ruidosas, con mucho licor y excesos. Nada tenía que ver con lo deportivo, esto era una válvula de escape. La del 90 fue de no creer, volver luego de 28 años.
En el 94 volvimos a ir, pero esta vez con ínfulas de campeón, salimos por la puerta de atrás, revelándole al mundo todas nuestras miserias. Y en el 98 volvimos a salir calladitos y por atrás.

En 1990 asesinan a Bernardo Jaramillo Ossa de la UP. El EPL firma un acuerdo de paz en Enero de ese año y se convierte en “Esperanza Paz y Libertad”. El M19 se desmoviliza el 8 de Marzo de 1990 y se convierte en “Alianza Democrática M-19”; En Abril 26, del mismo año, asesinan a Pizarro en una cinematográfica acción, dentro de un avión en pleno vuelo.

En el 91 tumbaron la constitución de Núñez y Caro. Solo fue que cumpliera los 100 añitos para que con una constituyente cambiaran a la Colombia del Cartagenero. Pablo necesitaba una más a su medida. Se acababa aquello de “En nombre de Dios, fuente suprema de toda autoridad” o el artículo 38:La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que sea respetada como esencial elemento del orden social”. Ahora habría libertad de cultos y el país no tendría una economía cerrada, proteccionista.

En el 92 sufrimos el apagón de Gaviria. Ya a mí me habían portafoliado de la Norte y andaba en clases nocturnas en la Autónoma. Como era de noche y no había luz, dábamos clases a oscuras. No saben el zoológico que puede ser una clase donde el profesor no ve a los alumnos y estos no ven al profesor. Había de todo allí dentro.

En las casas las costumbres iban cambiando de a poco, las niñas salían a rumbear con ganas de tragarse el mundo, aunque en casa aún había que guardar la compostura. Los papás seguían en su política de que lo que no se comenta, no pasa. Conceptos como la virginidad eran para la casa, ya a los jóvenes no les preocupaba mucho. Las idas a misa eran más algo de cumplimiento con los padres en fechas especiales, que el rito sagrado de antes. Las marcas adornan los closets y los padres, aunque no entienden mucho del tema, le siguen el jueguito caprichoso a los hijos. Las fiestas de quinceañeros siguen teniendo una importancia familiar, y como tal, una elegancia y un protocolo diferente.

Somos una sociedad predominantemente alcohólica, todos los planes son alrededor de “unos tragos”, hasta jugar futbol podía terminar en unas cervecitas. En esto, creo, que no es muy diferente a otras generaciones. Antes y después esto ha sido aceptado. Los ‘marihuaneros’ tienen una connotación de loco, de hombre de la calle; así es que la hierba se populariza, pero a escondidas, nunca logró tener ningún tipo de estatus de alta alcurnia. El “Perico” también llena las calles y las rumbas, pero nunca llega a la aceptación como el alcohol.

Mezclar alcohol y gasolina es una rutina, los fines de semana podría apostar que el 90% de los conductores iban, por lo menos, con sus cervecitas en la cabeza. Salir a ‘gasolinear’ con un ‘cooler’ lleno de cerveza, Guaro, ron Medellín o un horrible Boons, era la norma. Si el policía te detenía, se ganaba un ‘traguito’ y una ‘liguita pa’ la gasolina’. Y luego nos quejábamos: ¡Corruptos que son los policías!

El 94 empieza con la terrible muerte de Nacy Mestre. Para nuestra generación es uno de los asesinatos que más nos impactó y más nos indignó. Muchos también fueron los que pasaron de agache. Saade fue culpado y sentenciado a 27 años, que si no me equivoco aun lo esperan, porque este se esfumo.

Ese año empiezan a aparecer los teléfonos celulares. Inmensas panelas que costaban fortunas comprarlas y fortunas los minutos utilizados, pero que abrieron la puerta a la moderna telefonía que tenemos hoy.

Con las leyes 142 y 143 del 94, poco tiempo después, llegaron las privatizaciones. Electricaribe solucionó el problema de la luz, Triple-A el del agua y con la nueva telefonía, nos permitieron tener “servicios en tiempo real”.  El Cura Hoyos barría con las viejas lacras de Empresas Municipales. Es mucho lo que ha rodado, poco nos acordamos del increíble cambio, pero también es cierto que los malos acuerdos de privatización en aquella época es parte del problema de prestación de servicio y costos que padecemos hoy.

Los sitios de moda no eran de muy larga vida, sin embargo recordamos a Mikonos, Pipeline, Baja Beach club, Oh Curramba, un poco antes, Tropique. Y la vieja Lime Light. El inmortal Fabio licores, las Vaqueras. ¿Y quien no comió donde mi amigo Oscar? Ademas nacen los Juernes en la inmortal Frogg Legs.

En el 98 me casé. Mi vida vertiginosa tuvo un cambio total. De la rumba a los pañales, nunca había comprado en mi casa ni un tarro de polvos, pensaba que el jabón se regeneraba solo en la bañera. De pronto estoy con esposa e hijo que llora. Mi papa me lanza el salva vidas y me deja arrancar en la casa. Mi mamá se porta como la mejor de todas. No solo abre las puertas de su casa, también es la más prudente y respetuosa de nuestro espacio y decisiones. Mi hermano me bancó con toda. Eso ayudó a que la convivencia fuera la mejor. Eso y que el apartamento de ellos es inmenso, lo que nos permitió organizarnos muy cómodamente en mi cuarto, tener baño propio e incluso un cuarto propio para mi hijo.  

El año 2000 apareció con la amenaza del milenio, todos nos hacíamos películas de lo que traería el nuevo siglo. El fin de año lo pasé en la oficina del Citibank de la 74, esperando a ver si con el cambio de año los computadores se volverían locos. Pero nada paso.

Arrancaron los devenires de la vida con familia propia. La crianza no era la misma de antes. Ahora los roles se cambian. El rey de la casa es mi hijo. En mi pequeño apartamento, hay juguetes y cosas de el por todos lados. La prioridad es él. No hay espacio para un “no tengo plata”.

Cuando al niño le duele el oído, a mí me resbala una lágrima. Cada vez que va al otorrino, yo me gasto casi medio millón de pesos de la época.

Compramos unos escarpines lindísimos, con un signo de Nike. Mi esposa que aún está terminando la universidad, decide ir a trabajar al Colegio Bilingüe que soñábamos para poder pagarlo y además estar cerca de él. El árbol está lleno de juguetes y cosas que él ni notara que existen. Su primer cumpleaños es con todas las de la ley, el podrá ver sus fotos toda la vida, aunque no recuerde nada de lo vivido.

Poco a poco nosotros le vamos inculcando cosas que no se deben, ¿por qué marcas? Les enseñamos que todas las prioridades se desplazan para suplir cosas, que de pronto el no necesita. El día que nos exija privilegios, tendremos que dárselos, a eso los enseñamos.

De alguna manera todos esos eventos que pasaron mientras crecimos nos marcaron más que la cantaleta de nuestros padres. Veíamos sicarios en carros lujosos, con niñas lindas de silicona. Le dimos valor a eso. Nos vimos en ese espejo y encontramos que por muy gerentes que fuéramos, nunca íbamos a subirnos ni a esas camionetas, ni a esas niñas. Nos mortificó eso y perdimos el norte.

Los de nuestra generación, en general, no hemos sido buenos padres, en ese sentido. Les hemos cambiado los valores a nuestros hijos por marcas de ropa. Niñas con carteras de 2,000 dólares bajo el brazo y tetas postizas desde los 12. ¿Quién le da la talla a una niña así? Un traqueto o un político corrupto ¿Por qué hacemos minitecas a los 8? ¿Sera que por eso le perdieron la gracia a los quinceañeros? ¿Por qué les damos Toyota 4 Puertas a nuestros niños?¿El Guardaespaldas es por seguridad o solo para mostrar estatus? ¿No nos parecemos a todos estos traquetos que marcaron nuestra generación? Hay veces creo que queremos vernos en el espejo y parecernos a ellos.

Sin particularizar, creo que nuestra generación cambió los roles y las prioridades. Creo que está bien que los hijos ocupen uno de los puestos más importantes de nuestras vidas, pero saber que ellos tienen una vida propia y nosotros la nuestra. A los hijos hay que prepararlos para la vida y esta no es fácil. Nada les será regalado y no podemos rellenarlos de privilegios. Tenemos la obligación de proveer sus necesidades. Tenemos que vestirlos, darles estudio, darles alimento, medicinas, etc. Pero no tiene que ser Nike, no tiene que ser con tarjeta de crédito en restaurantes que ni el papá va, no tienen que tener iPhone a los 7, etc.
  
Con toda la historia que hemos vivido, hemos cambiado prioridades, hemos pisoteado valores y solo creemos en la ley del más vivo, Pablo nos inoculó un ‘traquetico en nuestro corazón’ y si no aterrizamos a nuestros hijos, ellos sufrirán mucho más y conformaran una sociedad mucho más injusta de la que ya tenemos. El fin NO justifica los medios.

A todas estas, cuando por fin me siento a la mesa a comerme mi pechuga de pollo, me recuerda mi esposa que el niño debe alimentarse bien, por lo que lo mejor será dejarle la pechuga a él. ¡Me tocará seguir comiendo ala’e pollo!

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