En este mar de tramposos, encontrar que alguien hace las cosas correctas, suena a heroísmo, a alguien superior. Casi como cuando Uribe prometió trabajar, como que si no fuera lo mínimo para el puestico.
Esta semana me he encontrado con dos muy buenas perlas que me han hecho sentir orgullo ajeno. Algo así como la pena ajena, pero de orgullo por la labor de otro.
Resulta que tengo un buen amigo, realmente soy amigo de toda su familia desde los 14 años. Quien no sabía que trabajaba como Contralor Delegado y que le tocaba el chicharron de Reficar.
Hace mucho rato yo había chuleado el caso Reficar como otro caso de impunidad, donde se robaron cifras escandalosas en nuestras narices, pero por estar involucrados todos los peces gordos del pais, el caso quedaría impune.
Que grata sorpresa me encontré esta semana cuando alguien me avisó de la entrevista que le estaban haciendo al Contralor Delegado, encargado del caso.
Lo primero a decir, impecable la intervención, calmado, decente, sin apasionamientos y con un lenguaje correcto. Lo segundo, anunciaban que imputaban desde el Presidente de Ecopetrol, hasta la vieja de los tintos.
Es que el hecho que la refineria esté trabajando bien y genere plata, no encubre el hecho del abuso de autoridad, derroche y robo de los recursos públicos. Aunque nos hayamos acostumbrado a ello, el presupuesto no es de quien lo administra, las platas públicas son de todos y debian ser sagradas.
Pues el Contralor Delegado es Javier Noguera, en la entrevista nos dio clase de lo que debe ser el control de lo público, mostró decencia y profesionalismo, y le alcanzó hasta pa' recordar a su papá, a quien recuerdo con mucho cariño. Hacia ratos un costeño no brillaba por temas de anti corrupción.
Quedé con la sensacion que en Colombia sí hay esperanza, que hay gente que sí es correcta y que la justicia, así sea ciega, sorda y muda, algún día les llega.
Luego viene lo del colegio. Sé lo dificil que es manejar la carga social y educar en un colegio, como el Marymount, lleno "de hijos de". Pero quiero dejar claro que no solo los niños del Marymount hacen travesuras, cagadas y trampas, no. Tampoco es que la sociedad se dañó; siempre han habido estos hechos, todos tenemos una historia que contar y que aburrida sería la vida si nos pasamos el colegio siendo perfectos.
Lo vergonzoso y reprochable no es que un pela'o se robe un examen, si no que los papás no apoyen al colegio, no reprendan al niño y que usen la tutela para acolitar una bellaqueria. Le están afianzando al joven que la ley es pa' esconder fechorías, que todo vale y que aparentar en una ceremonia lava las culpas.
Pues no, no todo vale y no todos están dispuestos a dejarse manipular, la rectora del colegio, las directivas y todo el que se puso los calzones y prefirió el escarnio y la avalancha que se le vendría, antes que claudicar ante un padre corrupto que mal educa a su hijo, merecen un sonoro aplauso de pie.
Lo que el Marynount le enseñó a esos jóvenes y a la sociedad en general, es más de lo que iban a aprender en una zonza ceremonia. Ojalá esto sea el pellizco que necesitamos para recordar que los principios y valores no se negocian. Que la dignidad y la honorabilidad están por encima de cualquier acto social y saber que es lo importante de la vida.
Tal vez no, ojalá si, estos jóvenes, que van a ser los profesionales del mañana, hayan aprendido la lección dada por el colegio y no la chabacaneria que estaba queriendo hacer sus padres.
Entiendo que hay muchos inocentes que se sienten defraudados por pagar el plato roto, que no rompieron. Pero creo que, la lección dada, es mucho mas valiosa que la ceremonia misma. En unos años lo valorarán como es debido.
Y no me puedo olvidar de algo, las reacciones de nosotros, los jueces que todo lo criticamos, muchos, muchísimos, a favor del colegio. Uno que otro defendiendo a los justos que pagaron por pecadores, pero en general, todos en contra de la corrupción y las bellaquerias. Solo una mala, los que aprovechan estas cosas para sacar a pasear al resentido, hablar de oligarquias y pisotaear al de al lado. Algún día entenderemos que para tener políticos decentes, antes debemos ser una sociedad decente.
Bien por la señora rectora, Anabella Martínez, que demostró que está a la altura de su investidura, un diploma por ventanilla no mata a nadie, la corrupción, sí; bien por Javier Noguera, Contralor Delegado, que demostró que en los entes de control hay gente honorable, capaz de controlar los desmanes hechos contra nuestro erario publico. El que la hace tiene que pagarla.
Gracias por hacernos saber que aún hay esperanza en este oscuro mar de corruptos.
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