En estos días leía sobre el incendio que arrasó con el Museo Nacional de Rio de Janeiro, el cuál albergaba al fósil humano mas antiguo de Brasil, es decir, al tipo le tocó volverse a morir, esta vez rostizado, victima de la corruptela y la decidía de la política brasileña.
Además del fosil, se calcinaron 20 millones de piezas y medio millón de titulos de su biblioteca. La perdida es irrecuperable, pero en el momento que leía, le comentaba a mi esposa del hecho y ella me hizo la pregunta mas humana y de la que nunca pensé en medio del shock de la noticia, me dijo: "¿Alguien murió?".
Me hizo volver a la realidad y me recordó que la vida debía ser lo más importante. Un incendio en un museo de estos es irreparable, es como si tuviesen vida propia, pero aún asi, la vida de una persona debía ser aún más importante.
Yo pregunto: Ahora que nos hemos acostumbrado a los muertos, ahora que los muertos, que no son famosos, se vuelven una estadística y hasta nos alegramos porque ya no son 3000, si no solo 2000, ¿Que perdida es peor, la momia que nadie veía y las colecciones, egipcias o de paleontología, o una vida humana?
Creo que a muy pocos se nos ha ocurrido preguntar si alguien murió en el hecho, como yo, la mayoría quedamos conmocionados con la perdida cultural e histórica, pero por ejemplo, ¿Si tuviesemos la opción de salvar solo una cosa o persona, qué salvaríamos, la momia o al celador del museo? No sé, seguramente las respuestas serían variopintas.
Comentario aparte, parece que el Museo no solo pereció con el incendio, fue solo el colofón del suplicio, la guinda sobre el pastel; al Museo lo venían matando los recortes presupuestales a los que la corrupción obligó, es que es más importante el bolsillo del politico de turno, que el bienestar común, asi que el Museo venía en picada. Un tercio de sus salas habían sido cerradas y solo un 'crowfunding' habia salvado a los salvajes dinosaurios de un feroz ataque de termitas; no obstante las súplicas y reclamos de su subdirector, Luiz Fernando Dias, que sin tapujo, culpó a este y mucho otros gobiernos que precedieron a la desgracia, y que poco a poco, lo empujaron al abismo del descuido.
¡Si por aquí llueve, por allá no escampa!
Ahora que la vida —todas las formas de vida— están en manos de la muerte, Félix Haydar —o mejor, su esposa— lo llevan a hacer un reflexión incisiva acerca de los valores y principios que debemos o tenemos que acatar hoy en día cuando la corrupción y el desprecio por la vida reinan en nuestro entorno.
ReplyDeleteGracias, Germán, hay veces que se nos olvida lo fundamental, la vida siempre debía ser lo primero.
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