Wednesday, September 18, 2019

Educación

Necesitamos educación para salir del subdesarrollo, oigo decir desde que nací, pero a pesar de que hoy todo el mundo va a un colegio y muchos a la universidad, el país nada que sale del bendito subdesarrollo.

Primero que todo, ¿Qué es educación? Creo que es el proceso por medio del cual aprendemos las cosas, es una transmisión de conocimiento. Este aprendizaje puede ser muy variado dependiendo de qué aprendemos y cómo lo aprendemos. Hoy tenemos mucha cobertura, pero no sé qué de tan buena calidad sea el conocimiento que estamos transmitiendo. Divido la educación en dos: Educación Formal, la que aprendemos en una institución: Los colegíos o universidades, y la informal, que es lo que aprendemos a lo largo de la vida.

Muchos padres creímos que mandar al colegio a los hijos era educarlos, craso error. En el colegio se aprenden matemáticas, geografía y español, entre otras, se aprende a socializar en un mundo hostil, que no llega a ser, pero se asemeja a la vida real, y además nos dan algunas pautas de comportamiento. Pero señores, a ser gente se aprende en la casa.

Recuerdo mucho que cuando veíamos un campesino, sobre todo del interior, nos llamaba la atención lo “educados que son”, saludan, dan las gracias, piden permiso y “doctorean” a todos, pero muchos no sabían ni leer, ni escribir. ¿Eran educados? Sí, porque tenían buenas maneras, los enseñaron a comportarse, pero no los alfabetizaron. De igual manera, ¿cuántos profesionales, con especializaciones hasta en la Conchinchina nos encontramos en la vida que no saben ni saludar?, menos comer en una mesa o comportarse en sociedad. A estos los alfabetizaron, pero no los enseñaron a comportarse. Son unas bestias con cartón.

Y ojo, aquí resalto uno de nuestros grandes errores, creemos que educar es pagar una matrícula, pero ¿qué aprenden? Cuando yo me gradué de bachiller, en Barranquilla se iba a la Norte, como el gran logro; la CUC y la Autónoma tenían cuatro carreras, y la Metro o la Libre, pa’ medicina o derecho. La Antiatlántico era otro cuento. Pronto aparecieron las San Martin, los Politécnicos y ahora hasta el Minuto de Dios se metió al negocio de vender profesiones. A la Autónoma le salieron más carreras que parqueaderos y todo el mundo agarró un cartón con el que se echaba fresco bajo un árbol, luego de un arduo día de buscar trabajo, el desempleo estaba duro.

¿Aprendieron? Muy poco. Hay profesionales que no saben despejar una ecuación, no saben sumar en un Excel, no saben redactar un email y mucho menos saben leer. Leer se volvió una carrera extrema, de alto rendimiento, casi todos saben la mecánica, pero muchos demostramos que, de comprensión de lectura, pocón. Las empresas de ingeniería tienen más abogados que ingenieros, entre hacer los contratos que parezcan derechos y pelear por los puentes torcidos, poco quedó a los calculistas. A los médicos los volvieron toreros de EPS’s y los profesores quedaron vistos como bastante poca cosa.

Además, ser educado, sobre todo, se refiere a respetar los derechos del de al lado, a no robar, a no buscar los caminos fáciles con métodos delictivos, eso también es educación y es la que más hemos perdido. Hoy los políticos hablan bonito y muestran cartones que ni se han ganado, pero también muestran que nunca les enseñaron valores. Igual muchos empresarios, ejecutivos y todo tipo de profesionales; los valores son parte integral de la educación y es lo más subvalorado que tenemos; recuérdelo cuando bota la basura al arroyo, se vuela un semáforo o se hace el bobo para volarse una fila.

En cuanto a la educación formal, tenga en cuenta que los tiempos cambian, los conejos nos multiplicamos y la competencia aumenta. En la época de mis papás, tener un cartón de bachiller era motivo de júbilo en casa. En mi época ser profesional era un logro que ya se veía con ojos de exigencia, pero ahora tener una carrera universitaria es casi algo visto como en automático, algo que tiene que ser, pero que no hace la diferencia. Hoy los pelaos tienen que saber idiomas, sistemas, especializarse, estudiar maestrías y volverse doctores, pero de verdad, no doctor de esos de: “¿Le cuido el carro, Doctor?".

La educación formal cada vez se vuelve más costosa, por esto se debe ver como una inversión, si no le vas a sacar el dinero que le inviertes, no la tomes, o tómalo sabiendo que es un “caro gustico” que te estás dando. Hay que prepararse, pero sabiendo qué estudias y cómo lo estudias.

En US hay muchas oportunidades de becas y los programas son infinitos, pero es carísimo si no se usan las herramientas que el sistema te da; el sistema se me ha hecho difícil de entender, las carreras no vienen “empaquetadas” como nos las vendían en Colombia. Acá se entra a estudiar algo, lo que sea, y poco a poco se puede decantar por alguna mezcla que puede tener un nombre definido, o no. En Colombia el que entraba a estudiar medicina le costaba Dios y ayuda terminar de abogado, además de tener que explicar, a cuanto marciano se atravesara, el motivo del cambio. En US puedes estudiar leyes, si no pasas el BAR, perdiste la platica.

Cuando mi hijo se graduó, se ganó una beca “Full Tuition” pero debía estudiar en la Florida. Él, quien pasó en varias universidades, veía el quedarse en la Florida como su plan B, pero nunca fue su prioridad. Yo que sé lo que valen los “loans” le decía, inducia, a que usara su beca y no se endeudara, levantarse con un título de una buena universidad de Boston y con una carta del banco que se debe la cuota del préstamo, está mucho más lejos de la felicidad, que levantarse con su cartoncito de por aquí, pero sin deberle un peso a la vida. Lástima que a los 19, al papá no se le escucha.

Como buen pela’o, él no entendía, soñaba y deseaba andar con el buzo de una U reconocida. Cuando recibió la colección de cartas de Universidades aceptándolo en los programas que había pasado, lo monté en un avión y nos fuimos a recorrer universidades. Si antes tenía dudas, ahora tenía abismos de contradicciones en su corazón: Las universidades del Noreste de US son sensacionales. El recorrido iba tornándose en catástrofe, pero el último día llegamos a Nueva York. El día era esplendido, era el primer día de sol luego de un intenso verano. Los parques estaban abarrotados, los tipos en pantaloneta y sin camisa, las mujeres en tanga en plena Gran Manzana. Yo enchaquetado, aunque había solecito el frio aún se hacía ver, con un amigo y mi hijo que mascullaba su futuro, sin poderlo tragar. Compramos comida y nos fuimos a un parque cerca al Central Park. Nos encontramos con una amiga de mi amigo y luego, ella con una pareja, amigos de ella. Nos reunimos a almorzar y a disfrutar el lindo día. Nos preguntaron que en qué andábamos y luego de echar el cuento, nos dijeron: “Nosotros somos felices, fuimos a UF (Universidad que yo prefería para él), la pasamos buenísimo y lo mejor, nos dejó preparados para competir con muchos ‘Ivy League’, a los que les ganamos tanto en conseguir buenos trabajos en grandes empresas, como en conseguir cupo en nuestros MBA en NYU; y lo mejor, salimos con cero deuda”. Juro que no los contraté, fueron las vueltas del destino, yo a ellos nunca los había visto. Mi hijo quedó picado de culebra, nunca hablamos del tema y volvimos a Miami, a los pocos días me dijo: “¿Viste lo que me dijeron en NY?”. Poco después él decidió quedarse en UF, la Universidad fue nombrada número 7 en el país, pero solo hasta su segundo año, por fin, estuvo feliz; y solo ahora, empieza a valorar el graduarse de una buena universidad sin un peso de deuda.


Ya vendrán las especializaciones, tendrá que enfrentarse al gran examen que es la vida, pero al menos va a salir con una muy buena preparación y el saldo en cero. Nosotros como padres tenemos que procurarles la mejor educación formal que a nuestro alcance esté, pero sobre todo, tenemos que formarlos, volverlos gente, darle prioridad a su felicidad, sembrarles la semilla de que sean creativos, innovadores, responsables, que sepan que no todo el mundo es bueno para todo, pero todos somos buenos para algo, y lo más importante, que vivimos en sociedad y que nuestros derechos llegan justo a donde empiezan los del vecino, que lo bueno no es tener, si no obtener; y que el dinero es importante, pero la felicidad es lo esencial.

 #PensandoPendejadas
  

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