Primero
que todo, ¿Qué es educación? Creo que es el proceso por medio del cual
aprendemos las cosas, es una transmisión de conocimiento. Este aprendizaje
puede ser muy variado dependiendo de qué aprendemos y cómo lo aprendemos. Hoy
tenemos mucha cobertura, pero no sé qué de tan buena calidad sea el
conocimiento que estamos transmitiendo. Divido la educación en dos: Educación
Formal, la que aprendemos en una institución: Los colegíos o universidades, y
la informal, que es lo que aprendemos a lo largo de la vida.
Muchos
padres creímos que mandar al colegio a los hijos era educarlos, craso error. En
el colegio se aprenden matemáticas, geografía y español, entre otras, se
aprende a socializar en un mundo hostil, que no llega a ser, pero se asemeja a
la vida real, y además nos dan algunas pautas de comportamiento. Pero señores,
a ser gente se aprende en la casa.
Recuerdo
mucho que cuando veíamos un campesino, sobre todo del interior, nos llamaba la
atención lo “educados que son”, saludan, dan las gracias, piden permiso y
“doctorean” a todos, pero muchos no sabían ni leer, ni escribir. ¿Eran
educados? Sí, porque tenían buenas maneras, los enseñaron a comportarse, pero
no los alfabetizaron. De igual manera, ¿cuántos profesionales, con
especializaciones hasta en la Conchinchina nos encontramos en la vida que no
saben ni saludar?, menos comer en una mesa o comportarse en sociedad. A estos
los alfabetizaron, pero no los enseñaron a comportarse. Son unas bestias con
cartón.
Y ojo,
aquí resalto uno de nuestros grandes errores, creemos que educar es pagar una
matrícula, pero ¿qué aprenden? Cuando yo me gradué de bachiller, en
Barranquilla se iba a la Norte, como el gran logro; la CUC y la Autónoma tenían
cuatro carreras, y la Metro o la Libre, pa’ medicina o derecho. La Antiatlántico
era otro cuento. Pronto aparecieron las San Martin, los Politécnicos y ahora
hasta el Minuto de Dios se metió al negocio de vender profesiones. A la
Autónoma le salieron más carreras que parqueaderos y todo el mundo agarró un
cartón con el que se echaba fresco bajo un árbol, luego de un arduo día de
buscar trabajo, el desempleo estaba duro.
¿Aprendieron?
Muy poco. Hay profesionales que no saben despejar una ecuación, no saben sumar
en un Excel, no saben redactar un email y mucho menos saben leer. Leer se
volvió una carrera extrema, de alto rendimiento, casi todos saben la mecánica,
pero muchos demostramos que, de comprensión de lectura, pocón. Las empresas de
ingeniería tienen más abogados que ingenieros, entre hacer los contratos que
parezcan derechos y pelear por los puentes torcidos, poco quedó a los
calculistas. A los médicos los volvieron toreros de EPS’s y los profesores
quedaron vistos como bastante poca cosa.
Además,
ser educado, sobre todo, se refiere a respetar los derechos del de al lado, a
no robar, a no buscar los caminos fáciles con métodos delictivos, eso también
es educación y es la que más hemos perdido. Hoy los políticos hablan bonito y
muestran cartones que ni se han ganado, pero también muestran que nunca les
enseñaron valores. Igual muchos empresarios, ejecutivos y todo tipo de
profesionales; los valores son parte integral de la educación y es lo más
subvalorado que tenemos; recuérdelo cuando bota la basura al arroyo, se vuela un semáforo
o se hace el bobo para volarse una fila.
En
cuanto a la educación formal, tenga en cuenta que los tiempos cambian, los
conejos nos multiplicamos y la competencia aumenta. En la época de mis papás,
tener un cartón de bachiller era motivo de júbilo en casa. En mi época ser
profesional era un logro que ya se veía con ojos de exigencia, pero ahora tener
una carrera universitaria es casi algo visto como en automático, algo que tiene
que ser, pero que no hace la diferencia. Hoy los pelaos tienen que saber
idiomas, sistemas, especializarse, estudiar maestrías y volverse doctores, pero
de verdad, no doctor de esos de: “¿Le cuido el carro, Doctor?".
La
educación formal cada vez se vuelve más costosa, por esto se debe ver como una
inversión, si no le vas a sacar el dinero que le inviertes, no la tomes, o
tómalo sabiendo que es un “caro gustico” que te estás dando. Hay que prepararse,
pero sabiendo qué estudias y cómo lo estudias.
En US
hay muchas oportunidades de becas y los programas son infinitos, pero es
carísimo si no se usan las herramientas que el sistema te da; el sistema se me
ha hecho difícil de entender, las carreras no vienen “empaquetadas” como nos
las vendían en Colombia. Acá se entra a estudiar algo, lo que sea, y poco a
poco se puede decantar por alguna mezcla que puede tener un nombre definido, o
no. En Colombia el que entraba a estudiar medicina le costaba Dios y ayuda
terminar de abogado, además de tener que explicar, a cuanto marciano se
atravesara, el motivo del cambio. En US puedes estudiar leyes, si no pasas el
BAR, perdiste la platica.
Cuando
mi hijo se graduó, se ganó una beca “Full Tuition”
pero debía estudiar en la Florida. Él, quien pasó en varias universidades, veía
el quedarse en la Florida como su plan B, pero nunca fue su prioridad. Yo que
sé lo que valen los “loans” le decía, inducia, a que usara su beca y no se
endeudara, levantarse con un título de una buena universidad de Boston y con
una carta del banco que se debe la cuota del préstamo, está mucho más lejos de
la felicidad, que levantarse con su cartoncito de por aquí, pero sin deberle un
peso a la vida. Lástima que a los 19, al papá no se le escucha.
Como
buen pela’o, él no entendía, soñaba y deseaba andar con el buzo de una U
reconocida. Cuando recibió la colección de cartas de Universidades aceptándolo
en los programas que había pasado, lo monté en un avión y nos fuimos a recorrer
universidades. Si antes tenía dudas, ahora tenía abismos de contradicciones en
su corazón: Las universidades del Noreste de US son sensacionales. El recorrido
iba tornándose en catástrofe, pero el último día llegamos a Nueva York. El día
era esplendido, era el primer día de sol luego de un intenso verano. Los
parques estaban abarrotados, los tipos en pantaloneta y sin camisa, las mujeres
en tanga en plena Gran Manzana. Yo enchaquetado, aunque había solecito el frio
aún se hacía ver, con un amigo y mi hijo que mascullaba su futuro, sin poderlo
tragar. Compramos comida y nos fuimos a un parque cerca al Central Park. Nos
encontramos con una amiga de mi amigo y luego, ella con una pareja, amigos de
ella. Nos reunimos a almorzar y a disfrutar el lindo día. Nos preguntaron que
en qué andábamos y luego de echar el cuento, nos dijeron: “Nosotros somos
felices, fuimos a UF (Universidad que yo prefería para él), la pasamos
buenísimo y lo mejor, nos dejó preparados para competir con muchos ‘Ivy
League’, a los que les ganamos tanto en conseguir buenos trabajos en grandes
empresas, como en conseguir cupo en nuestros MBA en NYU; y lo mejor, salimos
con cero deuda”. Juro que no los contraté, fueron las vueltas del destino, yo a
ellos nunca los había visto. Mi hijo quedó picado de culebra, nunca hablamos
del tema y volvimos a Miami, a los pocos días me dijo: “¿Viste lo que me
dijeron en NY?”. Poco después él decidió quedarse en UF, la Universidad fue
nombrada número 7 en el país, pero solo hasta su segundo año, por fin, estuvo feliz;
y solo ahora, empieza a valorar el graduarse de una buena universidad sin un
peso de deuda.
Ya
vendrán las especializaciones, tendrá que enfrentarse al gran examen que es la
vida, pero al menos va a salir con una muy buena preparación y el saldo en cero.
Nosotros como padres tenemos que procurarles la mejor educación formal que a
nuestro alcance esté, pero sobre todo, tenemos que formarlos, volverlos gente,
darle prioridad a su felicidad, sembrarles la semilla de que sean creativos,
innovadores, responsables, que sepan que no todo el mundo es bueno para todo,
pero todos somos buenos para algo, y lo más importante, que vivimos en sociedad
y que nuestros derechos llegan justo a donde empiezan los del vecino, que lo
bueno no es tener, si no obtener; y que el dinero es importante, pero la
felicidad es lo esencial.
#PensandoPendejadas

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