Navegar al rededor de Miami o Fort Lauderdale es de las experiencias mas relajantes que hay. Y lo es porque la mayoría de las veces somos marineros de canal, con casas de lado y lado, y la velocidad es cuidada por la policía que tiene bien regulado el proceso y demarcadas las zonas por donde cada uno puede pasar.
En Miami, en la mayoría de veces, no hay a donde ir lejos; en Cartagena vas a las Islas del Rosario, sorteando un largo tramo de mar abierto y siendo puntual con las horas de salida si no quieres un mal rato en el camino; o en Barranquilla tienes que salir por el caudaloso río Magdalena, si sobrevives al rio, debes sortear la salida de Bocas de Ceniza, para luego enfrentar el oleaje del mar abierto. Si ya salvaste toda esa odisea, podrás disfrutar de alguna de las encenadas, para luego prepararte para un regreso igual, pero rio arriba.
En el agua bararse es mucho peor que bararse en tierra. Por eso hay que estár preparado, ya sea teniendo el bote al día, cargando herramientas y repuestos de primeros auxilios mecánicos o teniendo servicio de grua.
Hace algún tiempo salíamos en el bote de un allegado. Fuimos por un lugar en donde no me suelo mover y conocimos una ruta preciosa. Anclamos sobre una encenada y pasamos la tarde en medio de la tranquilidad del lugar. Jugamos con un 'paddle board', careteamos con mi hijo y departimos delicioso.
Cuando ya la noche había apagado las luces del lugar, fuimos a prender motores y uno de ellos no encendió. Mala cara del piloto, mala cara de todos allí. Levantamos el ancla, pero esta subía pesada y con problemas, tanto que quedó a unos 30 centímetros de terminar su recorrido. La cosa no se veía alentadora, teniamos un solo motor, las luces no prendieron y el timón se volvía pesado y difícil de maniobrar.
El nerviosismo se hizo notar, comenzaron las preguntas, las quejas. El capitán no entendía que pasaba y menos podía dar respuestas. En una de esas me fui a ver por qué el ancla no habia terminado su recorrido. Encontré una cabuya, que no era del bote, que la jalaba hacia abajo, apagamos el motor, desenganché el ancla y en medio de la oscuridad, me lance al agua, que calculo tenía unos 15 o 20 pies de profundidad. Resulta que la pita había enganchado el ancla y se habia envuelto en uno de los motores.
En medio de la noche desenvolvimos la propela, pero nos quedaba la duda de donde salió la cabuya que tanto nos había enredado el paseo. Además, las dos puntas de la cabuya entraban al agua y aunque al jalarla esta sedia, el peso de lo que traia cada punta era mucho. Me entró algo de susto estando bajo el bote en plena noche, donde no se veia nada bajo el agua.
Salí del agua, con esfuerzo fuimos jalando la cabuya, sin saber con qué nos encontraríamos. De abajo del agua, aparecieron dos cajas grandes repletas de langostas. Cada una podria tener entre 5 y 7 langostas grandes que aleteaban dentro de la caja, la boca de la trampa era insuficiente para sacar los animales y yo, sinceramente, no iba a meter la mano ahí.
Lo chistoso del caso es que mi esposa, la esposa del piloto y mi hijo, estaban asustados y desde el otro extremo, sin alcanzar a ver nada, gritaban que soltaramos eso al agua. Cuando estabamos deliberado qué hacer y para afianzar la teoria que debíamos botarlas, de la proa se oyó una voz que decía "botenlas que estan pasadas" y otra que la apoyaba, ¿pasadas? Si aún aletean. Todos soltamos la risa.
Al final ellas ganaron, el bote solo prendió un motor y no tenía luces, lo que hacia el regreso peligroso. Tuvimos que dejar el bote en alguna casa cercana, pedir permiso y devolvernos en Uber. Ni el Uber, ni la señora de la casa nos hubiesen dejado pasar con sendas cajas de langostas. Además no estabamos seguros de la temporada de pesca de este animal, lo que además nos podria coronar un carcelazo.
Con dolor las cajas volvieron al mar, a la espera de alguien que las encuentre en mejores condiciones. Pero no se me quita la idea de la cabeza que una barada tan pendeja en un lugar remoto, sin la posibilidad de un Uber, podría tornar un bello paseo en una odisea detestables.
Seguiré siendo marinero de canal.
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