A Barranquilla volví a cumplir 14 años, vivimos un par de meses donde mi abuela, por lo que mi centro de operaciones siempre fue esa cuadra: Cra 51, sin B, entre 84 y 85, detrás de la Torcoroma.
Allí crecí, allí nos padecieron en la edad del 'moco', cuando uno es grande, pa' lo que le conviene, y un niño chiquito, pa' lo que también conviene.
Nosotros vivíamos a la vuelta, en la 86, pero yo me la pasaba acá, por la 84; el patio de mi apartamento miraba pa'l Cervantes, en cada recreo mi mamá estaba de puntitas y con el cuello largo, tratando de ubicarme, hasta que yo la ubicaba a ella y con las manos le reclamaba qué era lo que miraba pa'cá, por lo que de una se escondía. Ya andaba en el tema de cortar el cordón umbilical y hacer parecer que era autónomo, así aún no pudiera ni limpiarme el rabo.
En la 51, vivían dos cuerdas de pela'os que convivían y competian el dia entero, los de arriba y los de abajo. La cuadra con una pendiente brava era dividida por el arroyo que era testigo de eternos partidos de bola'etrapo, que medían a los dos grupos, dentro y fuera de la cancha.
Abajo: Fernando, los Turquitos, Gustavo, Andresito, Josue, entre otros. Arriba: Tatín, Yezid, Jose, eran los de siempre. Siempre habiamos otros que llegabamos y otros que se iban, por lo que las caras cambiaban, pero el combo siempre permanecía.
Cuando mi primo Josue peleaba con el turquito Nicolas, me ponía las quejas y yo se lo agarraba, este le daba su tunda y salía corriendo, timbraba y cuando le abrían la puerta, valientemente me gritaba: Sueltamelo pa' que vea.
Para medir como ha cambiado la vida de la cuadra, de la ciudad entera, en esa época arrancabamos a jugar un domingo a las 4.00 pm y solo debiamos parar a eso de las 6 cuando salian de misa de 5. De resto por ahí pasaba uno que otro carro, ahora hay hasta vendedores ambulantes y el trancón es monumental. Antes habían 30 casas, ahora hay altos edificios con cientos de apartamentos. Viven muchos mas, pero ni se conocen.
El día que conocí a Genarito, este andaba haciendoles trampa a todos con un videojuego que habia que adivinar algunas cosas que el otro equipo hacía, pero él se valía de un espejo pa' leer lo que sus contrarios preparaban y él siempre ganaba. Tenía un radio construido con alambres y clavitos y un betamax que andaba con un kilométrico y un chicle que se cristalizaba cada película y media.
Luis H. vivía en Santa Marta y Edguie en Cartagena, pero siempre fueron de la cuadra.
Luis A. vivía a la vuelta y como yo, era hijo adoptivo de la 51. El día que lo conocí, luego de andar un buen rato en bicicleta, llegamos a su casa, cuando traté de entrar, brincó a asegurarse que su perro no me atacara, yo que no gusto de perro, me apertreché esperando el ataque; así de los cuartos lleno de ira salió un French Puddle ladrando con galillo gay y Luis se carcajeaba de mi cara de susto. De ese día a hoy, nos hemos padecido en las duras y las maduras, siempre hemos contado el uno con el otro y siempre nos hemos dicho las cosas como son, luego de mas de 30 años aún somos grandes amigos.
Diego apareció después, la casa de Nan la echaron abajo y ahí construyeron California, un conjunto de 8 o 10 casas donde se mudaron Diego y Javier, y después Puyito, con esas figuritas, el álbum Panini de la época se completaba con versión de lujo.
Había otro combo, de una generación mas grande, que se unía a la gallada que ya teniamos: El Yaye, Genaro, el difunto Nando Arias, el gran Omar, los María, y un montón que ahora se me pasan.
A los 14 conocí a la base de los que serían mis amigos de toda la vida, en esa época fueron muchos, el combo era grande y necio. Nos la pasabamos el día entero buscando a quien joderle la vida, por el puro placer de reírnos.
Copete Diablo, el sacristán, no gustaba de nosotros. Le robabamos los mangos, le tirabamos piedras al techo de su casa, le hacíamos la vida cuadritos. Eso sí, al que agarraban lo ponían a limpiar cera de vela de los santos de la Iglesia .
En carnavales era de miedo. Hasta dos meses antes nos poníamos en la esquina de la 84, y armados de mochiladas de bolsas de agua, atacabamos los buses y todos los carros que por ahí pasaban.
Frente a mi casa vivía Gise, mi amiga linda de siempre. No sé por qué yo siempre la vi mas grande que yo, ahora resultó ser mas chiquita, ya hay varios a los que me he pasado. Siempre sentada en la terraza de su casa, bordilliando, nos sentabamos horas a hablar, hasta que la mamá la mandaba a "apagar los abanicos", y ya sabía que me estaban sacando.
Barranquilla, Carrera 51 con 84, la de los Trigales, la tienda, el General, el Mayita y la Torcoroma sin rejas, la de Giggolo, la de puras casas, esa es la mía, la que añoro y nunca más volveré a tener.
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