Friday, November 1, 2019

¿Y quién te quita lo baila'o?


De Barranquilla no me acuerdo nada de cuando era chiquito, solo que un día me salí, me pasé la calle y mi vecina me gritó que no pasara; me devolví bravísimo, Martica me habia cercenado mi primer intento de de ser libre y autónomo.

También me acuerdo de mi muy buena amiga Clary, de los Palacio, de Abdo, de los Illera, los Martínez y los Arias. De las escaleras con la baranda negra, el patio lleno de frutas y el garaje donde aprendí a montar bicicleta sin rueditas.

De Cartagena si me acuerdo de todo, ya tenía 6, mi primer día de clases en el Pedagógico, algo similar al célebre Paidológico barranquillero; estaba en primero de primaria y como acabábamos de llegar mi primo Alejando Mario nos palanqueó la entrada. Salía a recreo y a mi hermano, que era necio, y también  estaba en primero, pero de bachilleraro, lo tenían al sol. Yo me acercaba con cara de interrogación y él se llevaba la mano al cuello y me recordaba que yo nunca lo había visto ahí. Creo que ahí aprendí a no ser sapo.

Camino Real era mi casa. El palo de mango, al lado de mi casa, que trepabamos con Caro Poveda. El ramillete de vecinas, las Gómez, y los muchos amigos que ahí teníamos. La comida árabe que vendía la señora de la casa tres.

El Montessori, con el gran palo de caucho en el patio y los montones de iguanas. Al tiempo, llegamos a Villa Venecia, casa 16, casi como llegar al cielo. El dia que apareció Ernesto José con su camiseta que decía "Mi papito es Junior", lo que lo condenó a ser 'el papito', el mejor sobrenombre puesto algún día.

Las exploraciones en los mangles; el día que mi hermano dejó los dedos saliendo del lago; la canasta ganadora de mi mamá, de último minuto en aquella lejana final, lástima que la hizo en canasta propia. El kiosko. El dia que el Papito le metió el alambre en la sien a Mauricio, que daba gritos con el alambre clavado y la liniecita de sangre que bajaba en dantesca escena.

El viejo Remi, con su "dame mas de la mitad", los Murillos, mis primos los Rojas, Edilma y Caro, Robertico, las Herrera, las mas bollos, los Chiape, los Nuñez, los cachacos más costeños que conozco, ¡qué figuras!. Los López, los Pino,  Edgarcito y Billy, el Pavido Navido y tantos y tantos que no me caben todos en este 'post', pero que aparecen retratados en la foto de mi memoria. Villa Venecia es ese paraiso donde nunca nos contaron que eramos felices. Nos fuimos y nunca mas lo volveremos a tener, ni volviendo, ni queriendo.

Mi papá que estaba construyendo la finca mas linda de Bolivar, Palo de Agua, estaba en un punto donde la leche era mucha pa' la casa, pero aún no alcanzaba pa' negocio; como era tanta, mi abuela Carmen hacia montones de el más delicioso dulce de leche que mi paladar pueda recordar.

Un caldero de arroz, tipo fiesta, mucha leche, azúcar, coco y un cucharón de palo, cuida'ito le metes uno de metal, cuida'ito le metes la mano, podrías ser victima de un cucharonazo. Raspar ese cucayo era mas que manjar de dioces, puedo aún sentir el dulce caliente.

Traian los inmensos racimos de guineo manzano, mi papá dejaba algunos frente a la casa, les caíamos como hormigas a dulce en el piso. De ahí odio el guineo, lo veo y puedo ver a muchos de mis amigos jodiendo, masticaban la fruta y abrian la boca con la masa blancuzca a medio tragar, de ahí no puedo ni olerlo.

También venian las manos de plátano verde. Mi hermano pelaba, mi papá y yo sacabamos las tajadas con el pela papa y mi mamá fritaba. Luego de un par de horas mi mamá volaba de ahí brava, había fritado y fritado, pero en el plato no había ni una sola tajadita, todos reíamos mientras ella refunfuñaba.

El pan francés de las 6 de la tarde del Carulla, de Bocagrande, calientico, 3 baguets de pan, uno pa' la comida y dos pa'l camino, cortado a horcajadas y engullido entre Bocagrande y el Laguito, minuto y medio de la época.

Las peras que mi papa buscaba cada vez que estaba enguayabado. Manejaba hasta la Matuna, compraba a los vendedores ambulantes que eran los unico que las tenían.

Me vienen tantos recuerdos, que no termino de saber pa' donde voy, son solo recuerdos, sin cuento, no es esto una fabula con moraleja, son solo montones de recuerdos. Hay amigos de esa época con los que sigo teniendo una amistad, incluso con los que nunca mas volví a verme, los que recuerdo con todo mi cariño y a algunos los siento muy cercanos, así no los vea desde ese remoto 1985 cuando dejé de vivir  en Cartagena y, a algunos, incluso, tres años antes cuando nos fuimos de Manga al Laguito.  Pero siguen todos ahí, en una amistad en conserva, puestos en hielo en pleno calor costeño.

#PensandoPendejadas

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