¿Cuántas veces nos vemos enfrentados a situaciones
en las que actuamos con nuestros hijos exactamente igual que como actuaban
nuestros padres? Y que por supuesto, odiábamos con todas las fuerzas. Hay
comportamientos que inconscientemente repetimos, nadie nos ensena a ser padres,
ni a ser hijos, lo aprendemos a tiestazos.
Vemos, al menos yo cometo siempre ese error, de
ver a nuestros hijos como una extensión de nuestra vida misma. Los vemos crecer
y no quisiéramos que cometiesen errores que uno ya cometió. Pero la “burbuja de
cristal” no funciona y cada uno debe “aprender en su propia bicicleta”. A sabio
fuera, aburrido pero sabio, que uno pudiera transmitir lo mucho o poco que sabe
o ha vivido a los hijos y así estos no arrancaran de cero; se enfrentarían a la
vida con unas ventajas increíbles. Pero “ningún cura se acuerda cuando fue sacristán”
y cuando nos tocó, tampoco escuchamos.
También están los errores de uno como padre en
tratar de transmitirles estas experiencias, cuando uno no se sabe expresarlo o
no sabe manejar la situación, uno se frustra, se ofusca y pretende imponerse y ahí
es cuando se pierde la oportunidad de ser escuchado.
Puedo decir que a la fecha mis hijos son 1 millón
de veces más responsables y centrados que yo a su edad. Pero no deja uno de ver
comportamientos y decisiones que uno quisiera que fueran diferentes, Pero es su
vida, aunque nos afecte a nosotros, no podemos tomarlas por ellos. Cada cosa
que los afecta a ellos, lo afecta a uno 20 veces más, y cada cosa que viene de
ellos, nos afecta 1000 veces más que si viniera de cualquier otra persona.
Debería haber un cursito de cómo criar gente. Si
se aprieta mucho, ¡Se lo tira! Si se suelta mucho ¡Se lo tira! Criar cualquier
otra cosa, animal o vegetal, resulta mucho más fácil que criar gente.
Pero así mismo, y directamente proporcional, son
las satisfacciones que dan. ¡A rara que es la vida!
No comments:
Post a Comment