Sunday, February 26, 2017

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Que vaina venir a Colombia,  que inteligentes sus autoridades,  que lógicas son sus leyes, que avispados que somos todos.

Vine a un matrimonio con toda mi familia, la idea era llegar jueves, matrimonio el viernes, visita de mi mama el sábado y regreso el domingo. La idea era perder la menor cantidad de días laborales posible. Nosotros estamos trabajando y mis hijos en pleno colegio.

Al llegar, el supervisor de inmigración nos dijo, muy amablemente, que él pasaporte de mi hijo estaba registrado con su tarjeta de identidad, pero él hace poco cumplió 18: "Por favor a la próxima,  debe venir con nuevo pasaporte", nos dijo. Hago la aclaración que su pasaporte tiene vigencia hasta el 2020.

El matrimonio super agradable, repleto de dignidad, repleto de detalles, repleto de felicidad; la ciudad bella, estábamos en la ciudad amurallada y a pesar de los miles de vendedores de todo tipo de cosas, la ciudad, su arquitectura, es increible.

Las ofertas callejeras van desde frutas, coca cola, chicle bomba, marihuana, compañía, rasca rasca, payasos, sombreros, masajes, trencitas pa' calvos, vestidos, ron, 'le tengo la gafa' y todo lo que usted pueda imaginar. Yo estaba a punto de hacer un letrero de "No, gracias", ellos usan pura estrategia de vendedor de San Andresito y yo de cliente pesa'o y fastidia'o...

Las plazas se ponen o pasan de moda. En mi tiempo, la plaza Santo Domingo, con la Gorda de Botero y su teta amarilla, de tanto que se la soban, era la más asediada. Hoy está sucia y con las carpas rotas, ¡barro!

Pero hay otras plazas lindas, las casas, la muralla y los cientos de restaurantes y boutiques están, en su mayoría,  impecables. Cartagena vieja, es preciosa.

El sábado fui a comer, casualmente al del descorche del pudin; la comida rica, cara, pero bueno. Ahí me pasó un chasco, del que no voy a culpar al restaurante,  creo que me tocó el mesero avispado,  bendita malicia indigena. La cuenta  era grande, éramos un grupo grande. Al momento de pagar vino el típico forcejeo de "yo invito" y al final mi amigo puso una parte grande en efectivo, la mayoría en realidad, y yo mi humilde tarjeta de crédito.

Yo no sabía cuanto puso él. El mesero fue testigo de esto. Cuando trae el datafono, me pregunta que si lo pasa por 250,000 pesos, le digo "no sé,  ¿Cuánto es la diferencia?" Me responde "no sé,  no tengo calculadora ". Otro amigo que está viendo la escena, saca su teléfono,  el balance a pagar eran 160,000 pesos. Es decir, el mesero 'de chevere' se estaba 'avionando' 90,000 barras. Todo por que él es más vivo y no tenía calculadora. No menciono nombre del restaurante ya que no lo voy a boletear, pero que desagradable tener que andar con el machete afilado pa' que otro no te robe.

Pero pasó y había que volver. Llegamos al aeropuerto el domingo y el de emigración no dejó que mi hijo saliera. No lo dejó a pesar que mostró su pasaporte vigente e incluso su registro de nacimiento. "Aquí dice que es menor", "¿pero no ves la fecha de nacimiento?", le respondí. "No es mi problema, él no viaja" y no viajó.

¿Cómo para qué le expiden un pasaporte hasta el 2020 si a partir del 2016 no sirve? ¿Por qué inmigración,  que vio y preguntó mil veces si regresábamos el domingo, no me dijo que no lo dejarían salir sin cédula? El viernes hubiésemos podido pasar un inolvidable día en la registraduria.

Resulta que a este si le pareció gravisimo que él no tuvise cédula. No le importaron explicaciones, no bastó ver que su compañero nos dejó entrar sin problemas tres días antes, no importó saber que eramos de otra ciudad. No importó nada. Simplemente él es la autoridad y como el poder es pa' poder, mi hijo no abordó. Avianca ya me dijo que "de malas", problemas de identificación no son excusa para no volar, así que el tiquete se perdió.

Tocó 'pelarle' la cara a una buena amiga, a quien no llamamos por lo corto y atareado de este viaje. Mandarlo a Barranquilla era peor, allá andamos de carnavales y no hay vida hasta el miércoles.

Otras veces me ha ido mejor, esta vez de tres dias dos chascos, que chevere venir a Colombia, no veo la hora de volver.

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