En el 2004 el destino me trajo a vivir
a US. El día que llegué, fue la primera vez que pisé tierras gringas, antes
nunca vine ni de vacaciones. En realidad nunca había salido de Colombia, estaba
como se dice, ‘recién desempaca'o’.
Mi hijo tenía 5 años y no hablaba
una palabra de inglés. Mi esposa y yo trabajábamos en la misma oficina,
escritorio de por medio, así que fue una relación de 24/7. A mi hijo lo pusimos
en el colegio cerca a nuestra oficina; lo dejábamos a las 7 de la mañana y lo recogíamos
a las 5.30 de la tarde, llorando sin falta.
Fue de las cosas duras de venir a
vivir a este país. Él venía del que yo creo es el mejor colegio de
Barranquilla, además que mi esposa trabajaba ahí, así que él jugaba de local. Él
era un niño de sangre dulce para los adultos, así que rápidamente se los echaba
al bolsillo. Su fuerte nunca fueron los deportes, su fuerte era 'la lengua', le
entablaba conversación hasta a un trapero. Tal vez por eso le costó tanto
trabajo llegar a US. En el colegio, su profesora no decía ‘hola’ en español.
Sus compañeros todo lo manejaban en inglés, a él no lo dejaban ni jugar fútbol. No poder expresarse le generaba angustia.
Acá la plata de la merienda no se
le da al niño, acá uno ‘carga’ una máquina y el niño con un código va y compra
en la cafetería. Nosotros tratábamos de calcular el gasto de la semana y
dejarle un ‘colchoncito’, pero resulta que de un momento a otro el tiempo de
depositar se fue acortando. Cuando le indagué, me dijo que ya por fin tenía un
amiguito, colombiano para más señas. Él le ‘compartía’ comida y helados a su nuevo
‘amigo’. Ya en esos días no lloraba tanto.
Un día al llegar a buscarlo,
nuevamente, estaba hecho un mar de lágrimas.“¿Que paso esta vez?”, me dijo que
no tenía plata y no había almorzado. “Pero si te puse plata hace dos días. ¿Por
qué no le pediste a tu ‘amigo’ que te ayudara?”, me dijo llorando que si le pidió,
pero que este no le dio la gana de darle nada.
El pastel estaba completo, el
pela’o estaba siendo víctima de ‘Bullying’ por parte de este niño, quien le
amenazaba con no ser más su amigo y excluirlo de todo con los otros niños. No
era un ‘bullying’ violento, era pura manipulación, por lo que era mas difícil detectarlo. Todos los días yo le
preguntaba y lo ‘carboneaba’ para que se defendiera. El entendió lo que pasaba,
pero le daba temor volver a los primeros días de soledad. La plata volvió a
rendir, pero él andaba angustiado. El problema acabó con que un día el niño se acercó a pedirle un
borrador prestado. Él, delante de todo el curso, se paró y le dijo que no le
volviera a pedir nada, que él era un vividor, que su papa (yo) trabajaba para él y
no para estar regalandole a cuanto ‘pendejo’ se atravesara, etc, etc. El curso quedó perplejo y el niño no se acercó nunca más a mi hijo.
Según el sabio Google, 77% de los niños
son víctima de matoneo, es la tercera causa de muerte de gente joven y dice que
por cada suicidio que se da, hay 100 intentos. Todos somos potenciales víctimas.
El bullying es una conducta de un individuo
hacia otro, que constantemente se repite, con el fin de someterlo. Pero el bullying no es exclusivo de niños en la escuela, esta es una conducta que se encuentra en todas
las edades y en todos los círculos sociales.
¿Cuántas personas discapacitadas
son víctimas de este flagelo? Es decir fuera de cargar con la discapacidad, también
deben cargar con el estigma social de “no ser perfecto”, como si alguien lo fuera; la victima debe cargar con la tara del otro,
porque lo primero que hay que entender es que el enfermo no es el matoneado, el
enfermo es el que matonea. La víctima no debe sentir culpa, se debe defender,
como lo hizo mi hijo.
Y no solo discapacidad, ¿Cuantas personas no se han visto envueltas en situaciones de desigualdad solo por estar pasado de peso, cuando la actividad requerida no tendría nada que ver con su físico? ¿Cuántas veces nosotros mismos, hemos sido
agresivos y despectivos hacia otras personas, con expresiones o chistes, que no
dan a lugar? Muchas veces lo hacemos sin percatarnos que a alguien ofendemos,
es que venimos de una sociedad matoneadora. Cuando estábamos pequeños la situación
no era mejor, pero no sabíamos de la palabra ‘bullying’, así que se hablaba de 'pela’os vivos' y 'pela’os bobos', todo porque nuestra sociedad premia al más
salvaje.
La cruel sociedad nos dicta que el modelo de mujer perfecta es 90-60-90, benditos reinados, además que pretenden que la misma medida sirva para una persona de 1,50 y otra de 1,80; medidas que en lo general no cumple ninguna mujer del común, hay mujeres bellas que no llegan ni de cerca a este parámetro y qué bueno que no, es un parámetro discriminativo y que, en procura de cumplirlo, muchas personas se arriesgan a enfermedades graves, problemas de autoestima, bulimia y anorexia.
Si vas a un banco, la gran mayoría
de las banqueras del ‘front desk’ son mujeres bellas. ¿Será que las no bellas no son buenas con las finanzas? Mmmm no sé, no creo que sea por ahí la cosa.
Tenemos que aceptarnos como
somos, 'toda oveja encuentra su pareja'. Si no nos aceptamos nosotros mismos,
nunca vamos a ser aceptados por los otros. Y tampoco
se trata de hacerle matoneo al bonito o al flaco, es dejar que cada uno sea feliz como es.
Mirar las personas más allá de su aspecto físico y dejar que todo el mundo
pueda explotar ese algo para lo que sirve. Porque no todos estamos pa' astronautas, ni todos estamos pa’ poetas. Querámonos y dejemos de molestar al de
al lado que nadie sabe con qué bulto anda a cuestas.
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