Eran las 10 de la mañana en Cartagena, el sol canicular se erguía sobre la Heroica. Era un día de semana, normal en el centro amurallado.
Un centro diferente al de hoy, repleto de edificaciones coloniales, pero sin el brillo del comercio adinerado, habían casas derrumbándose de viejas; aún el centro amurallado no tenía el brillo que tiene hoy.
No habían llegado los paisas a comprarlo todo y a volverlo el bello centro que es hoy. Era bello, pero no brillaba. Creo que corría el año 79 u 80, se estaban estrenando en Cartagena las patrullas de policías en moto, andaban de a dos y les llamaban 'Chips', por la famosa serie. No eran precisamente el latino y el gringo rubio, no, era un par de mulatones de casi dos metros de alto y unas infulas de "yo tengo el poder", que querían atropellar la vida con el pecho.
Facundo
Fandiño, que era todo un personaje, andaba por la Heroica desde el 78, se dedicaba a las fincas y a construir un edificio en el entonces nuevo mercado de Bazurto. Toda una odisea para la época.
Él, acostumbrado a comprar peleas, reposaba sentado sobre el capó de un carro, en pleno centro de Cartagena, parquear en el centro es, y era en esa época, como ganarse la lotería. Andaba en esas, cuando aparecieron los Chips, arrogantes, feos, altaneros, le increparon, con toda la grosería que de ellos podía salir: "¿Por qué andas parqueando ahí, ese es sitio prohibido?", él muy tranquilo los miró sin siquiera verlos y siguió su conversa con un amigo.
Los Policías parquearon sus motos detrás del carro para evitar una huida, se fueron sobre Facundo, ataviados con su impecable uniforme blanco, con botas negras a la rodilla. Volvieron a él: "Estás en sitio prohibido". Él sin siquiera mirarlos, le dijo al amigo en voz alta: "¿Qué es lo que le pasa a este par de pendejos?", ahí se armó Troya.
Los Policías indignados empezaron a increparlo, le recriminaban que ellos eran la autoridad, que él infringía la ley y que ellos podían llevarse el carro si les daba la gana. Facundo con toda la calma les dijo: "¿Quieren llevárselo? ¡Llevenselo! Pero yo este carro de aquí no lo muevo, hagan lo que les de la gana". Fue lo primero que él les dijo mirándolos a los ojos.
La gente en el centro de Cartagena es la gente más chismosa del mundo. Antes de que el problema fuera trifulca, ya la gente se había apostado al rededor de los combatientes. Eso le motivaba, entre más gente, él menos se doblegaría , ellos querían atropellarlo y ahora era cuestión de dignidad y ellos no se la ganarían.
Cuando ya la discusión había aumentado los decibeles, cuando las venas del cuello estaban ya a punto de explotar y cuando el remolino de curiosos no dejaba circular los carros por las estrechas callecitas cartageneras, apareció una van de la policía.
Con ella un teniente, un tipo de un rango superior a los Chips de la discusión, un cachaquito, chiquito, más bravo que los tipos que lo acechaban.
El tipo apareció con grandes infulas de autoridad, todo el mundo quedó a la espera de sus ordenes.
El tipo se dirigió a sus subalternos a quienes, a grito limpio, les preguntó que qué era todo ese desorden. Los tipos sabedores de toda la situación acusaron a Facundo de estar parqueado en lugar prohibido y que por mucho que le hubiesen pedido que quitara el carro, él se había negado.
El "cachaquito" se dirigió, con toda su autoridad y poderío a Facundo, haciendo la pregunta mas inteligente del día: "¿ Y por qué carajos usted no quita el berraco carro?"
A lo que él con toda la inocencia que le podía acompañar respondió: "Lo que pasa es que el carro no es mío ".
La carcajada de todos los presentes, no se hizo esperar. El teniente se volteó hacia los Chips, se quitó la gorra, y delante de todos los presentes, agarró a sombrerazos a los antes altivos policías.
Facundo se fue riendo, orgulloso, de su chiste. No contaba que en adelante, todas las mañanas, en la puerta de su casa estarían los policías esperando que saliera para pararlo y pedirle hasta el registro de vacunación. "El que ríe de ultimo, ríe mejor".
F H 02.05.17
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