Wednesday, March 1, 2017

Las abuelas no mueren, se hacen invisibles.

Carmen Alicia nació en el Suan, pero yo la conocí en Barranquilla. Nació por allá cuando el siglo 20 aún abría los ojos al mundo. Siempre supe que fue en 1908, pero justo antes de morir, y con la teja medio corrida, dijo que no, que era en el 7. Yo creo que se estaba poniendo un año; ella como que veía que esto se estaba acabando y ella seguía en 89; pero llegó, se murió justo a los 90, cuando su primer bisnieto ya cumplía 2 meses de nacido.

Era mujer de convicciones fuertes,   en ella no habían medias tintas, o te amaba o te odiaba,  punto. Conservadora,  regalona, discriminadora y mandona. Amaba con locura.  Su familia estaba por encima de todas las cosas. Aunque no le conocí mucha, a los pocos que le vi, los protegía como 'gallina criando pollos'.

Se casó a los 27 años, tarde para su época, cuando su único hijo contaba con 6 meses de nacido,  enviudó. El marido no le llegó a los dos años de matrimonio y no volvió a conocer hombre alguno.

Su suegra le dijo: "Carmen, usted es una mujer joven, busque un hombre y retome la vida". Eso bastó para que no le dirigiera más nunca la palabra y rechazara la suculenta herencia que su marido le dejaba. "Esa plata no era tuya, era mía", le reprochó el hijo cuando tuvo uso de razón.

Ella también tenía su platica, no sé mucho de donde, pero entiendo que tanto su difunto esposo, como su único hermano, de padre y madre, eran los 'chachos' de la navegación fluvial, por el río Magdalena.

De hecho, su marido cayó de un barco en puerto, cayó de culo al piso y pensó que no era nada, pero 6 meses después murió, la septicemia lo mató.

Su hijo era su centro del universo, no hacía sino complacerlo, aunque pelearan todo el dia, todos los días de sus vidas.

Ya muy vieja, él le hacía compañía y recordaban viejas historias. "Ve muchacho,  ¿te acuerdas de la señora Zoila, en la calle de las Vacas?". "Claro, la gorda que le ponía cachos al marido,  si me acuerdo". Ella seguía lanzando las cartas de su infinito solitario. "Si, ¡Que fama de cachona tenia!". Y seguia, "Bonita la casa que teníamos al lado. ¿Tú que hiciste esa casa?". Con orgullo él le respondia: "Esa casa la vendimos hace 20 años ya", a lo que ella con mirada inquisidora le ripostaba: "¿Y la plata? Te la robaste, ¡Picaro!".

Del cuarto salía él gritando improperios. La casa quedaba paralizada. El más chiquito de sus nietos corría al cuarto a ver que pasaba y la encontraba impavida, tranquila, concentrada en sus cartas. "Abuela, ¿qué pasó? ", a lo que ella respondía con cara de inocencia: "No sé,  se está volviendo como loco". La escena se repetía recurrentemente.

Quiso a su nuera,  muy por encima del amor de su hijo.  Nunca tuvo palabras alevosas contra ella y pudieron convivir durante más de 35 años, hasta que la muerte las separó.  Siempre fue la reina madre. Entendió que la casa era de su nuera y que ella siempre tendría un lugar en ella, pero desde que su hijo se casó,  ella cedió el bastón de mando.

Amaba y malcriaba a sus medios hermanos. Tenía un hermano por parte de madre y una hermana por parte de padre. Ese fue otro enredo que nunca nadie me explicó.

Los quería, les regalaba cuanto podia, estaba atenta a resolverles cuanto peo se metieran y, todo el tiempo, les manipulaba la vida.

Ella le enseñó a su hijo y sus nietos a querer a sus hermanos y sus familias. Esa era la única familia extendida de su hijo único. Hasta el sol de hoy, ya muerta ella y muerto su hijo, sus nietos saben quererse con los nietos de sus hermanos. Es un amor heredado, que ha perdido manoseo, pero que nunca ha perdido su esencia.

Carmen Alicia era un personaje, una abuela hermosa, siempre la quise mucho y hoy le recuerdo ya que creo que nunca murió, sólo se hizo invisible.

F H - MAR/2017

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