Friday, July 28, 2017
Villa Venecia, Casa #16
Cuando llegué a Cartagena tenía unos 6 años de edad. No sabía por qué cambiabamos tan radicalmente de vida, pero la verdad, antes de eso no es mucho lo que recuerdo de cuando vivía en Barranquilla.
Llegamos a vivir en Camino Real, una de las primeras urbanizaciones de Manga. No era muy grande, creo eran unas 17 casas, aire central, dos pisos y un altillo, estilo colonial, pero muy modernas para la época.
Ahí estuvimos 1 año, fue una prueba a ver si nos amañabamos; como llegamos en medio de carreras, al Pedagógico fui a dar. De ese primer año, nunca olvidaré a mi amiga Carolina Poveda, con quien trepabamos un palo de mango al lado de mi casa; y mis vecinas las Gomez, un ramillete de lindas niñas, de las que una fue reina. A Virginia, la mas linda y quién era de mi edad, no creo haberla vuelto a ver, pero siempre la recuerdo.
Luego nos mudamos a Villa Venecia, que estaba en plena construccion. No sé como hizo, pero mi papá se agarró la mejor casa de las 67 que tenía el barrio, la #16. Esta la habían hecho para el dueño de la urbanización, creo que un señor Ghisays o Romero, no sé. Quedaba frente al parque, frente a una interminable zona verde, frente al lago y frente al quiosco, que servía de iglesia, rumbeadero, jodedera y escampadero del inclemente sol cartagenero.
Ese año me pasaron para el Motesori. Buen colegio, pero que sólo llegaba a 5o de primaria. Fuimos de los precursores de la urbanización, por lo que vimos llegar a casi todos, mientras poco a poco, la constructora terminaba las casas, sobretodo las de "atras".
Mis primos, los Rojas, vinieron por insistencia de mi papá. Les tocó una casa con muy buena ubicación también. Horacio, Kary, Joche e Inés Cristina, que estaba pequeñita. Al ladó de mi casa, los Pino, eran un monton, Socorrito y Pedro y los otros que no recuerdo, y un montón de perros. Atrás los Duque, ¡que personajes! Javier y Remy, La vieja Gaby y el viejo Remy, bacanes totales. Un día jugábamos fútbol y el viejo Remy apareció, como siempre con su "dame más de la mitad", comiendo no se qué; Al vernos jugando, se metió a patear también y a la primera, metió un patadón que todos quedamos viendo la trayectoria del balón en cámara lenta, cuando el balón quiso pegar contra la ventana de Silvia, ya el viejo Remy estaba en su casa, en chancletas, viendo televisión.
Al lado de ellos, Manuelito y después las Herrera, Alicia y Natalia, las más lindas del barrio ¡lejos! Y el primo Robertico. En frente el Pavido Navido, Mauricio Castelar pero apodado el Pavido por la canción; y los Chiape, Ma Paulina y Mauricio, a quienes recuerdo siempre con mucho cariño. Más pa'fuera, mis aún buenos amigos, los Núñez, Oscar, Jairo y Lili. Al lado, Diego Acevedo y después los Murillo, a quienes también recuerdo con mucho cariño. Berney era el serio, pero Davidcito y Henry, eran terribles, a pesar de los castigos y reprimendas que se llevaban.
Más hacia el parque, el Chiqui, a quien le perdí el rastro y su primo Billy. Famosos los partidos entre 'Casa Limpia' y 'Multiventas', donde los papás terminaban casi a puño.
Los López, Felix y la bonita Rocío. Más atrás Bernardo y Nelson Perez y la hermana, creo; Leonardo, Daniel, Edilma y la hermana bonita, Miguelito Cueter. Las tres Morales, que tambien peleaban el puesto de más bonitas. Más tarde mi amigo Alfredito Mercado. Y muchos más que la memoria no me deja mencionar en este momento, pero que hicieron parte de esta historia.
A mi amigo "el Papito" no lo dejé afuera, sólo que ese personaje merecía mención especial. Si hubiese un premio al más 'personaje', él se lo ganaría. Ernesto José Sierra Seca, aunque luego se quitó el Ernesto, pero para nada, todo el mundo lo conoce por 'Papito'. Fue mi mejor amigo entre los 7 y, tal vez, los 12 años. El sobrenombre le quedó desde el día que apareció en la urbanización, traía una camiseta que decía "Mi Papito es Junior", de la cámara Júnior. Pero a él el sobrenombre le cayó preciso.
Un sábado empezaba tipo 8.30 am. Patín, bicicleta, escondido, ladrones y policías, puño, patineta, fútbol, básquet, patá, béisbol, más puño y más patá, y hasta natación en el lago. Hasta que quedaba uno echando humo de toda la energía desparramada.
Mi casa era el centro de abastecimiento. Por ahí pasaba toda esa pela'era a tomar agua, comer y pasar el rato en la terraza. Los juguetes, manillas, balones, etc. Eran comunitarios. Las edades no eran problema, ni nos clasificaba. Ahí todo el mundo participaba por igual, no importaba que tuvieses 5 o tuvieses 20.
Ahí aprendí muchas cosas de las que en mi casa no me enseñaron. Oí por primera vez hablar de la menstruación, "¿Qué?", dije, "La regla, marica" y pa que no se notara: "A sí, yo sé, lo que pasa es que tú no bocalizas, bobo", era una buena respuesta para no pasar de pendejo. Ahí se oía de sexo, violencia, drogas, de todo. "Pilas que ese man es rata y periquero", ¿qué será eso? ¿Será que cría periquitos?, pero para no pasar de inocente, otra vez la salida rápida, "¿Y tu por qué sabes?", "Yo lo sé, ese man mete perico". Sobre los conos de la bicicleta recibí las mayores lecciones de vida que recuerdo.
Podría escribir un libro si contará todas las anécdotas de ese barrio, pero sería una enciclopedia si cuento lo que siento por ese tiempo. Nunca nos provocaba viajar, no necesitamos clubes, no queríamos ni ir a la playa, es que al abrir la puerta de mi casa encontraba todo lo que quería.
Como a los 12, mi papá decide ir a vivir al Laguito, frente al mar. Buenísimo todo, pero nada se compara con esos años en Villa Venecia. Ahi dejamos a los Ortiz, bella familia, Jorge y Beatriz, Cata y los mellos. Hoy voy y nadie sabe quien soy, pero mi memoria aún recorre el quiosco, la cancha de básquet donde mi mamá conoció la fama al encestar su primer chance, pero en cancha propia.
El campito, donde jugabamos béisbol y futbol, el palo de coco, las iguanas, el lago y hasta el manglar. Los adoquines. La pelea del Papito y Mauricio, que le metió un alambre del pesebre en la sien; la gran pelea de Villa Venecia con medio Getsemani, que hasta la policía tuvo que intervenir; la única vez que me pegaron, por la cortada de mi hermano, la vez que nos metimos al lago, y él se voló el pie y me echó la culpa; la vez que los Inéditos tocaron en la terraza de mi casa; el amigo secreto, que mi papá le metió un calzoncillo colora'o a un pobre Cachaco, para burla de todos. Todo vive en mis recuerdos como si aún pudiese abrir la puerta y salir a corretear.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

No comments:
Post a Comment