Un día llegué a Miami com mi esposa, mi hijo de 6 años, 3 maletas de ropa, una de juguetes y la plancha, no sé por que, pero lo único que mi esposa salvó de la casa fue la plancha. El resto se regaló o mal vendió. No importaba, traiamos lo más importante: Un inmenso cargamento de ilusiones y la intención clara de amoldarnos a una nueva vida con un entorno completamente nuevo.
Todo nos parecía bonito acá , pero en lo personal, lo que más me impresionó fueron los puentes. No sé por qué, hay muchas cosas que resaltan, pero eso para mí fue lo más impactante. Yo venía de una ciudad que lo que menos tenía eran puentes. Yo conocía el de la 50, que hasta postes le salían por la mitad y por debajo no pasaba ni el arroyo. El de la Norte que era medio mal hecho y el Pumarejo que fue una gran obra en los 70s.
Al llegar, creo que la maleta más pesada que cargabamos eran los prejuicios. Uno no se da cuenta pero trae encasilladas a las personas. Pero llegas y conoces gente de todos lados y encuentras, que como en tu pais, hay gente buena y mala, queridos y odiosos.
A los argentinos los conoce uno por la bestia de Maradona y cree que todos son iguales. Es como cuando en el mundo creían que todos los Colombianos éramos Asprilla o Pablo. Pero los argentinos que conozco, en general, son buenísimas perdonas y saben de la fama que tienen y se burlan de ellos mismos todo el día.
Con los venezolanos me pasó algo similar. En Colombia vivimos prevenidos de ellos, entre nosotros siempre surgen las rivalidades. Pero llego acá y los primeros amigos fueron venezolanos. Nunca olvidaré ese lluvioso día que un par de venezolanos se dedicaron a llevarnos, de tienda en tienda, para que compraramos las cosas basicas de la casa.
Y resulta que el hablado de algunos me 'pateaba', hasta que un día llego a un taller y el mecánico me trata de 'chamo ' y le rectificó que no soy venezolano, y me pasa otro día y otro día, y es que aquí al colombiano que conocen es al 'Cachaco', al 'Paisa' y al Caleño; y a nosotros nos creen venezolanos.
Y la forma de ser y las mujeres arregladas, encarteradas y el 'chevere' y la bulla y muchas cosas. Hasta que me percato, nosotros nos parecemos más al venezolano que al Cachaco. Esto fue error del que trazó la línea, un político sinvergüenza seguramente. Las fronteras las tiraron a conveniencia de alguno, pero al final somos los mismos, sólo que estamos de un lado y otro de la bendita frontera.
Y me hago amigo de un Indio, de la India; llego a trabajar a una oficina que más parecía la ONU, había un indio, un chino, una gringa, una portorriqueña, un venezolano y dos colombianos. Y el indio me miraba y saludaba con la cara, y pensaba: 'con este tipo nunca voy a poder cruzar una palabra'. El tipo no decía hola en español y mi inglés era un desastre. Resulta que terminamos siendo amiguismos. Al final, él se machucaba y de la entraña le salía un madrazo. No hablaba nada de español, pero me decía que con el 'papito' y el 'mamita', y sobre todo, con todas las malas palabras aprendidas, el podría defenderse en Barranqiilla.
Le contaba todas las historias de Barranquilla y me decia: 'Papito, podenos ser muy diferentes, pero todo lo que me cuentas es como si hablaras de la India'.
Y más de medio día, todos los días, debía hablar con un holandés, en Curazao. Y al principio la cosa no era facil, el idioma y la cultura, y hoy somos muy buenos amigos, él ahora vive en Malta, pero seguimos en comunicación. Y todos tenemos la misma ilusión y los mismos problemas.
Y allí conocí un Iraní, judío, el tipo más buena papa, humano y que mejor me explicó el judaísmo, sin necesidad de fanatismos religioso. Y allí también llegó una NewYorkRican, de la que soy muy amigo y de la que me río todo el día.
Y también a esa oficina aterrizó una venezolana, de la que me hice amigo antes que siquiera hiciera la entrevista. Y hoy, aunque ya no viven en Miami, seguimos siendo muy amigos, se han convertido en la familia extendida que antes no conocía.
Y ahora me tocó llegar a una nueva oficina y encontré una cubana que no es escandalosa y una dominicana y venezolanos y peruanos y gente de todos lados, y a la final, con pequeñas diferencias, todos somos iguales en la esencia. Todos queremos salir adelante, trabajar bien y tratar de ser felices, igual que en todos lados.
Hoy veo que en lugar de que los Colombianos nos vayamos corriendo a Venezuela, son ellos los que llenan las calles de Colombia. Y veo que muchos son vistos con mala cara. Pero todos somos iguales, vendrán buenos tipos y malas personas, gente con ganas de echar pa' lante y gente con ganas de 'malandriar'.
Ser migrante nunca será fácil, llegar a un lugar desconocido, sin nadie que te conozca, es un reto inmenso, ojalá los buenos sean más, ojalá Colombia los acoja y saque provecha de esos buenos y no deje que los malos se impongan.
Igual que acá, los buenos somos más, así los malos sean los que hagan la bulla.
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