Tuesday, November 28, 2017

Mi amigo el Chapu

En Barranquilla trabajé siempre para Citibank, duré 10 años allí,  pero bien parecía que había nacido allá. Los últimos 5 años me la pasé en la sucursal de Prado manejando Operaciónes, lo que implicaba estar pendiente desde el tinto hasta las operaciones más complejas.

No sé como sea ahora, pero por aquella época el banco hizo un contrato con una empresa gringa que subcontrataba todos los servicios de mantenimiento, lo que le daba tranquilidad a las directivas, pero nos encarecía todo a los que respondiamos por el presupuesto.

A la oficina llegó una loca genial a encargarse de lo que fuera mantenimiento de oficinas, y con ella apareció su asistente, en realidad eran los que hacían todo. Es decir,  el gringo subcontrataba una empresa de Bogotá,  esta lo hacía con una de Barranquilla, esta contrataba a la arquitecta, que a su vez contrataba a alguien, quienes realmente se ensuciaban las manos.

El que metía la mano se llamaba Álvaro,  pero nadie sabía,  desde el primer día lo rebautizaron "Chapulín", pero no por colorado sino por chapucero.

El tipo hacia de todo, cambiaba focos, arreglaba muebles, cortaba, pegaba, a lo que fuera se le media.

A la sucursal llegaba periódicamente un inspector sin avisar. Revisaba que los cajeros funcionaran, que hubiese papelería disponible, que todos los bombillos funcionaran, medía los tiempos de las filas y hasta revisaba que las canecas no estuviesen repletas. De eso dependía gran parte de mí  evaluación en lo que tenía que ver con mantenimiento. Pero otra también medía el manejo del billete y una cosa no era compatible con la otra.

Desde que llegó el nuevo proveedor, las compras de suministros teníamos que hacerlas en Bogotá; fuera que era más demorado, era carísimo.  Así que con don Chapu, yo me las tiraba de loco y mandaba a comprar todo a la 30, baratico y sin factura. El autor material era él;  lo que en Bogotá me costaba unas 4 veces más y demoraba 15 días en llegar, yo lo compraba de una y barato.

Mi medición nunca fallaba y mi presupuesto ajustaba. Cuando mi jefe me quiso jalar las orejas por comprar por fuera del proveedor autorizado le dije sin reparo: "Ó una u otra, pero no me puedes pedir que cambie focos y no gaste plata, por aquí funcina". No volvió a preguntarme donde los compraba, sólo aparecían alumbrando la imponente sucursal.

El trabajo allí era extenuante,  estresante y ganaba bien, pero todo alcanzaba pa' pagar y pagar y ¿el resto?, que espere la próxima quincena, así que un extra no quedaba mal.

Un día necesitaba pintar la casa y el Chapu se ofreció sin pensarlo, "No le cobro caro", me dijo. Compramos las cosas y arrancó puntual a pintar. Cuando acabó la sala, se quedó mirando y me dijo: "Nojoda jefe,  pa' ser la primera vez que pinto, me quedó bacano".

Mientras pintaba, nos hacíamos más amigos y hablábamos de todo; en una de esas él me dijo: "Jefe, le tengo un negocito". Para la época no existía la venta de minutos de celular y él me propuso hacernos a unos teléfonos y revender minutos en la calle. Yo me reí,  pero el insistió.

Creo que pagábamos a 500 pesos el minuto y lo vendíamos a 1000. El tipo salía, como loco estrenando pueblo, con un letrero de cartón hecho por él en el pecho que decia: "Se venden minutos". Al final teníamos como 5 telefonos 'trabajando" y él era el rey de Uniautonoma; pero el negocio se vino a menos por la alta competencia, la masificación del celular y la reducción de tarifas.

Otro día me dice: "Jefe, vamos a diversificar. Ahora vamos a alquilar lavadoras". A mi me pareció una locura. Resulta que en los barrios del sur la gente poco tiene lavadoras, entonces la idea es darle las máquinas a gente que viva en esas zonas; uno alquila cada máquina por semana y ellos las alquilan, a domicilio, por hora. Las pobres máquinas trabajaban 20 horas por día. En esa Chapu puso la idea,  pero nunca participó de la operación, andaba ocupado, creo. Cuando me vine a USA ya tenía como 15 lavadoras.

Otro día, el tipo me llama a decirme que abriríamos otro departamento,  que ahora compraríamos una moto y prestaríamos servicio de taxi. En Barranquilla aún no existía el mototaxismo y él lo quería fundar. Yo no quise, como con la pintura, Chapu no había manejado ni bicicleta y se mataría en la primera esquina. Se lo dije y me dio la razón.

Cuando estábamos deliberado hacerlo o no, me salió la mudada a USA y eso fue lo que definió el no hacerlo y acabar con mi vida de empresario informal.

 Yo creo que si lo hubiésemos hecho, nuestras vidas hubiesen cambiado: O Chapu terminaba estampillado contra un bus o tendríamos una flota de motos y cascos piojosos; seguramente el negocio ya no sería  de motos, pero por como se desarrolló el mismo, eso hubiese sido un éxito, no para la ciudad que se volvió un caos, sino para nosotros que hubiésemos sido los precursores de un negocio que enriqueció a varios.

De Chapu nunca supe nada más,  lo he buscado, he preguntado por él,  pero nunca lo he podido ubicar. Espero esté bien, él es un héroe de la vida, un tipo muy inteligente y emprendedor. Espero haya caído en buenas manos que le ayudaran a explotar todo su ingenio. Viejo Chapu, donde estés, un abrazo con el corazón.



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