Sunday, December 24, 2017

Los containers blancos

Un día andaba de 'bebeta', tendría 19 o 20 años creo, eran casi las 2 am cuando llegué a la 'oficina', Fabio Licores, el de la 84, el propio; pedí una "prehistorica" Karla, aunque veníamos tomando aguardiente. En el famoso bordillo me encontré a Alvi, a él lo conocí cuando viví en Cartagena, pero en esa época tenía como 8 años y él era un par de años mayor que yo.


Tragos van, tragos vienen. Alvi es el mejor echador de cuentos que ha parido Cartagena, y eso que Cartagena tiene muy buenos contadores.


De Fabio pasamos a la Licorera de la 82 y la rumba se extendió hasta el amanecer. Como a eso de las 4 am, Alvi me preguntó qué hacía, "reparto huevos en las tiendas, pero ya no queda tendero con el que no haya peleado", le dije.


Alvi me ofreció venir a trabajar con él al Citi. El lunes mandé la hoja de vida, el miércoles me llamaron, el viernes estaba, elegante, en el Citi de la 70, para la famosa entrevista.


Alvi salió de una de las oficinas, me preguntó que hacía ahí. Le dije que me habían llamado a una entrevista, a lo que me respondió: "¿Tú eres marica? La otra semana nos vamos pa' Bogotá que hay convención", así entré a trabajar al Citi,  por eso siempre digo que mi entrevista la hice en Fabio, pea'o, tipo 3 am.


En Cobranzas pasé mis mejores días,  después de Alvarito vino Mónica,  a quien aún quiero con todo mi cariño,  aunque no la vea desde ese entonces.


De Cobranzas pasé a Supervisor Corporativo, era el segundo al mando, aunque sabía menos que los cajeros. De Martica, mi jefa, nunca olvidaré que siempre nos recordaba ese adagio que dice: " No tienen orejas y se quieren poner aretes". Suena pendejo, pero carga un voltaje alto de sabiduría que aún aplico.


Un día, mi muy querida Sra  Rosemery, única vicepresidenta de la región y quien mandaba la parada, me llamó a una entrevista,  también estaba un cachaco allí.  Me dijeron que me querían para manejar una operación grande,  que querían darme una gran responsabilidad, yo no sabía el chicharrón que me estaban dando, pero ellos no sabían si yo era capaz de masticarlo, creo que todos estábamos dudosos. 


Llegué a la sucursal como asistente del Director de Operaciones, pero ella salió a los pocos días  de yo estar ahí. Venia una renovación y yo me volví DOS.  En silencio, yo pensaba que era una irresponsabilidad  dejarme a mí manejando esa operación. Habían, además de los comerciales, como 8 cajeros enfrente, 2 counters, 1 Back Office, 2 bovedas, 4 celadores, 2 viejas del  aseo y yo, un tipo que no tenía experiencia, pero ¿Quién dijo miedo?


Mas adelante el Citi cerró casi todas las sucursales y nosotros recibimos esa gente en Prado.


Me decían jefe y yo no sabía que era conmigo.  Casi todos eran mayores que yo. Yo tenía como 24 añitos, habían subordinados de 40. También habían sindicalizados, reintegrados de otras administraciones, no se les gerenció bien y volvieron, graduados en leyes, a ser cajeros. Y yo a caramelearmelos.


Al principio me sentía superado por el montón de gente, la responsabilidad era inmensa y la demanda de clientes no dejaba espacio para pensar en la inmensa responsabilidad. En promedio cada cajero hacia 300 operaciones, pero había quien hacia 700, yo debía aprobar cada una y ser responsable de ellas y soportar a los comerciales. Trabajaba de 7 am a 9 pm, de lunes a viernes.


Tenía que responder por todo, desde el tinto, la seguridad, la administración, la más especializada operación y tener una respuesta a cada pregunta que salía. Muchos sábados debía ir a terminar lo que las manos no alcanzaron entre semana. Y muchas madrugadas debía venir porque una alarma sonaba. Era un trabajo de 24/7 on-call.


La señora de los tintos, quién tenía la venía de la gerencia comercial, y quien tenía por costumbre tener una jefa mujer, acostumbraba esconderse en el bañó de hombres, café en mano, muy patas arriba del lavamanos; un día entro y la encuentro 'infraganti', la vieja casi se traga el posillo.


Rápido entendí  que la única forma de sobrevivir era cumplir con los procedimientos. Si estos eran correctos, aunque me tumbaran, la pérdida sería inherente al riesgo del banco, pero si no, sería mi responsabilidad. De ahí arranqué a aprenderme los boletines operativos y a hacerles 'test', todos los días, a mis compañeros de faena, así me aseguraba que ellos supieran como proceder.


Tenía graves problemas de sindicato. Pero debía responder por la operación y hacer que la gente se sintiera bien trabajando en el Citi. Un día, fin de mes, con cierre al medio día, teníamos almuerzo de trabajo. Cuando la señora del aseo, la del posillo, estaba repartiendo los almuerzos, en containers blancos, yo agarré uno. De un momento a otro la señora me quitó el container y me dijo: "Ese no es suyo, el de usted viene después ".


Resulta que a los cajeros les traían unos almuerzos y a los oficiales otros, eso sí, todos en iguales containers blancos.


La soberbia me carcomía  la entraña. Cuándo terminó, me fui adónde mi muy buena amiga la gerente  y le dije que si querían comida 'diferente' la compraran con su plata y en su casa, que asi no podia manejarse esto. Ella me entendió de una y sólo me dijo que era una costumbre heredado de antes, que estaba de acuerdo conmigo.


En adelante todos comimos lo mismos, bueno o malo, pero todos igual.


Tumbé mi primera muralla.


Aunque fuera regañón, les exigiera y los 'jodiera' todo el día, todos me ayudaron y trabajaron en equipo. Fueron años de mucho trabajo y mucho estrés, pero todo se pudo hacer con éxito gracias a ese grupo humano que me acompañó, tanto de supervisados, pares o supervisores. Siempre los recordaré con cariño y agradecimiento. Algunos aún me dicen jefe, aunque aún no sepa que es conmigo.









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