A él lo conocí mucho antes que nos presentaran. Él fungia de suegro de un amigo y realmente a mí no me interesaba mucho él, más allá de ser el papá de una amiga y de hacerme reír el cuento que cuando conoció a su futuro yerno, esperó a que este se fuera y le dijo a la hija, "ojo con ese man, tiene cara de burro".
Poco a poco fui conociendo de su manera de ser, sus pensamientos revolucionarios, su sencillez, sus chistosas historias, su mente abierta, la vez que se levantó en el colegio de monjas, donde estudiaban sus hijas, y dio cátedra de educación sexual sin tabúes, mientras su hija se moría de la pena.
Supe que era escritor, que daba cátedra en la U, que escribía en el periódico y que era un tipo cultísimo, todo un erudito. Supe de su disciplina en su trabajo de escribir. Poco a poco lo fui conociendo de oídas.
Antes de que nos presentaran perdió a su esposa, la de toda la vida, la mamá de sus hijas, la que llenaba el espacio, la que brillaba y hacia brillar la vida de los suyos. Un día ella se fue y él me dio una de las mejores enseñanzas que yo pude recibir a punta de ejemplo y no de cháchara. Aún estaba joven, quedaba solo, con dos hijas universitarias, él podía dedicarse a hacer y deshacer, podía seguir el ejemplo de todos los hombres, costeños, que quedan viudos y con fuerzas: Dedicarse a hacer el ridículo. Pues no, el tipo va y se consigue una de su talla, una pareja que no lo pusiera a criar hijos ajenos, haciéndolos pasar como propios. Se consiguió a la mejor para que lo acompañara el resto de la vida. Una que no fuera de la edad de sus hijas, que se cansara cuando el estaba cansado y que se le midiera a todas las aventuras a las que él se le media. No tuvo que teñirse o cambiar el motilado, menos la ropa. Él con ella podía seguir siendo él. Gran enseñanza recibida.
Fuimos amigos desde que nos conocimos. Venía a Miami por puro amor de padre. No gustaba de los gringos, era medio chavista o chavista y medio. Venía y reía, reía por todo, carcajadas sonoras, reía hasta ahogarse. Reía y cantaba. Cantaba y reía.
Fue el primero en acompañarme a navegar, iba feliz, era ya casi el final de la tarde, un 26 de diciembre. Salimos y él respiraba el aire puro del mar. La brisa le daba en la cara y él estaba en completo relax. Me decia: "Quien iba a pensar que yo a mis 60 y puya, iba a estar vacilandome un bote en Miami".
Todo iba a pedir de boca, hasta que apareció la patrulla. Me hicieron detenerme. Era la primera vez que piloteaba un bote; una vez detenido, yo lidiaba con la corriente, en el bote nadie modulaba palabra, el policía me pregunta en inglés si llevo armas, le digo que no. Me pregunta si llevo chalecos para todos, como antes no verificó, yo me lanzo a responder que si. El policía me pide se los muestre, yo hago el amague que los voy a sacar y me devuelvo, le digo que no, que le entendí mal, que no tengo. Para resumir, no llevaba chalecos, no llevaba pito, ni flotador de lanzar, ni bengalas, ni registración, ni extinguidor, ni nada. No llevaba ni una cerveza pa' pasar el susto.
La multa era cuantiosa, pero mucho peor fueron las burlas de mis compañeros de aventura. Mi inglés no fluía como debía, el policía cada vez hablaba más rápido y mis respuestas eran cada vez más tontas. Ellos que estaban más asustados que yo, ahora se revolcaban de la risa. Él estaba felíz.
Íbamos a los parques y el los disfrutaba. Era ecologista, moría por un paisaje o un pájaro. Uno como aquel que de tanto visitarlo se le pasó pa' dentro, ese que allí ha vivido siempre y que con él canta y rie.
Cuando vio el cuadro que le pinté a su hija me llamó y me dijo "Chico Megaplay, usted me ha asombrado, pensé que no servía pa' nada, pero me saliste pintor", por supuesto reímos a carcajadas.
Otro día se enteró que escribía, me llamó, otra vez sorprendido: "Arajo, ahora escritor". Me elogió, viniendo de alguien que sabe, me sentí alagado. Sólo me corrigió lo extenso, me dio el parámetro. Me volvió a enseñar, aunque poco aprendí, aún sigue largo.
Se ha enfermado de todo, es hipocondríaco, y le tiene pavor al verraco Alzheimer, por él hasta orinoterapia hizo, pero como que el amarguito le patió. Hace un par de semanas amaneció enfermo. "¿Con cual enfermedad habrá amanecido hoy?", pensé. Luego que fue a la clínica. Me preocupé. Pero salió, no era mayor cosa. Se fue a su casa, pero no pasaron 24 horas, le tocó volver a las carreras. Ahora no respiraba, como que no era su hipocondriasis. Luego pregunté y lo habían entubado, "es que estaba jodiendo mucho y para que se calmara lo entubaron". Ya lleva 10 días en cuidados intensivos. Ahora que es más grave de lo que esperábamos. Ya no sé que es.
Sólo espero que salgas de esta, para ti la vida se apaga, es un off, no hay más allá. Y tú no puedes sólo apagarte. Hay aún mucha risa por reír, mucha cosa pa' aprender y mucha cosa pa' enseñar. Acá te espero, esta vez navegaremos con chaleco, pito y extinguidor, ven con tu chica de 60 y puya. No me falles.

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