Sunday, February 25, 2018

¡A la salida nos vemos!

3.00 pm, sol picante, dos peñones pa' un lado, dos peñones pa'l otro, una bola'e trapo, cinco pa' cinco, que ruede el balón y gane el mejor, eso era vida. Sin receso, a muerte,  no había Brasil contra Alemania que se acercara a un clásico de esos. Sólo el fin de la misa de 5, y la consabida salida de carros, era capaz de dar fin a tan heroico combate.

Un poste, uno que cuente y una pila de pela'os a esconderse. Tienes hasta 10 pa' desaparecer; cada uno cuenta a su propio ritmo, no hay perdón, si no alcanzaste, de malas. Muchas veces, cuando ya estabas perdido, aparecía un héroe y cantaba: "por mí  y por todos"; libertad para todos, el que cuenta, vuelve y empieza su labor.

Sentarse en las escaleritas de la panadería, meterse con todo el que pasaba. Burlarse de cada uno de los que allí estábamos, bullying total. No tenía precio. Gaseosa, pan y quibbe.

Una mañana, de ociosos, dos pendejos faltos de oficio, la panadería cerrada, adentro todos concentrados en la elaboración de los manjares que venderán por la tarde. Los dos ociosos se percatan de los pegotes de brea que quedaron de la impermeabilizacion del techo del edificio. Un palito, raspe el piso y meta la brea en el ojo de la llave de la puerta. La puerta de vidrio sólo abre con la llave. Desde adentro ven a los dos niños y hasta los saludan. Ellos, muy concentrados, no dejan de llenar el orificio con la brea. Fin de la labor, cada uno pa' su casa. Llega la hora de atender al publico, pero la puerta no abre. La llave no entra por la acción de la brea en la ranura. Mayúsculo problema que se viene. El Turco de la panadería quiere ahorcar a los dos ociosos..

Cuatro al rededor del teléfono, un número al azar y pregunta: "¿Señor ahí lavan ropa?", esperando la clásica respuesta "No,  esta es una casa de familia" y todos en coro: "Puercos, vayan a lavarla". Hasta que pongo a prueba mi suerte, doy el teléfono de mi casa; ella con voz melodiosa pregunta "¿Señor, ahí lavan ropa?" Y mi papá que se las sabe todas responde: "Si, señorita, aquí lavamos, en que le puedo servir". Ella que no esperaba tamaña respuesta, se queda en blanco y cuelga. Yo, con orgullo ajeno, me voy sabiendo que fue el único que no se dejó vacilar.

Fiesta sin sapo no era fiesta. Si era miniteca, mejor. Entrabas calladito, te mimetizabas entre la oscuridad del salón; los chorros de luz de las licuadoras y el reflejo de la bola de espejos eran tu cómplice perfecto. Luego adentro,  eras el dueño de la fiesta, hasta con la cumplimentada terminabas bailando.

Las peleas eran a puño, lo peor que te podia pasar era un ojo colombino y la vergüenza del perdedor, yo creo que nunca peleé, pero me vi, en primera fila, un monton, al menos las más épicas. Nadie sacaba pistola, ni traía matón.

Si agarrabas a un ladrón, le dabas un par de cocotazos y el tipo te decía: "Si ya me cascaste, ¿Pa' que vas a llamar a la policía?". Hasta razón tenía.

La paredilla del Biffi, un centinela que avisa cuando los perros están lo suficientemente lejos para alcanzar a correr hasta el palito de Guinda. Calculo de fuerza, velocidad, peso y ángulo de vuelo; sales a correr rumbo nor-este, el perro viene sur-oeste, llegas con el tiempo justo pa' poner un pie en el tronco y brincar a la rama más cercana que te asegure que el perro no te agarre. Comes guindas hasta que el perro se aburre y se aleja lo suficiente como para dar el salto y carrera de regreso,  pie en la pared y saltó alto, pa' que el perro no te coma. Cualquier falla, serás el almuerzo del perro, por hoy has coronado.

El tipo del Topolino, que vive a la vuelta, siempre pensó que su carro corría peligro parqueado frente a su casa. Con brillantez,  piensa que lo mejor es parquearlo acá,  cerca de la casa del General, donde siempre hay soldados vigilando. Uno que se percata y echa el cuento, el resto que de una brinca sobre el carro. Primero: Alguno abre el capó y clase de mecánica. Segundo: Empuje el carro hasta la casa de aquella señora que tanto nos regañó. Subalo por la entrada del garage y entre todos cargue para dar la vuelta y parqueelo justo en la terraza de la vieja. Tremendo problema el del tipo para bajarlo,  más que no prende ya que quedaron algunos cables mal armados.

Hoy tendrán iPad, iPod, iPhone, PSP o Xbox, pero nosotros teníamos calle, los amigos no eran virtuales y las clases eran a puño y patá en la calle. Que buenos tiempos aquellos.


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