"Papi, hace 40 años estabas tú de 7", me dijo mi hijo con sus rozagantes y frescos 7 años a cuestas, casi que atropellandome con su niñez.
Casualmente, hoy también, leí en un chat del colegio, con respecto a una foto de segundo elemental: "Menos pelo, mas barriga, menos ojos, mas fatiga, menos tiempo, mas trabajo, mas plata, mas obligaciones, menos tiempo... El ciclo de la vida que nos imponemos tiene visos autodestructivos. La evolución se volvió involución".
De una me vino a la mente una idea que desde hace ratos me acompaña: En mi cabeza, cuando pienso en mis papás, ellos andan en sus cuarenta y pico, cincuenta. Cuando pienso en mí, me ubico en mis 20's; mi hermano entre 20 y 30; mi hijo mayor se quedó pegado en los 5; mis abuelos, siempre fueron canosos; y solo Nico tiene lo que tiene.
Si veo una foto de mis abuelos, cuando estaban jovenes, me da risa, parecen otros en esas foto agüita, con su pelo negro y pintas de otra época. Mi abuela Adela, en mi cabeza, nació con su pelo blanco como mota de algodón.
La vida pasa y en mi caso, hasta ahora, cada época está vivida y trataré de seguir viviendola a tope; he tratado de que el 'check list' de cada día quede rayado, vivirla a todo lo que da y me queda claro que los años pasan y cada edad tiene su encanto. Se disfruta diferente: A los 20 no había mañana, a los 30 había que resolver, a los 40 se piensa más y hay que producir más. Una buena dormida hoy, es tan apreciada como una buena parranda a los 20.
Cuando nació mi hijo menor, al año, teníamos una sobredosis de insomnio, llanto, tetero y pañal. Unos buenos amigos, esos que me han soportado desde la parranda de los 20 hasta las 'abueladas' de los 40, se quedaron con mis hijos; con mi esposa nos fuimos a un crucero de 3 días y dormīamos hasta 3 y 4 veces por día. Yo abría el ojo y nadie lloraba, de una me arropaba, no quería despertar, que fuera un sueño y alguien chillara nuevamente. A los 20, no había momento de dormir, trasnocho, tras trasnocho, hasta caer y dormir un día entero. Pero planear dormir, ni pensarlo. Paseo era pa' pasear. Hoy aprecio la dormidita.
Me aterra pensar que hoy tengo la edad, la responsabilidad y los afanes de mis papás. Ahora el papá soy yo. Antes qué me importaba la luz, el mercado o pagar una cuenta. El mayor problema era que mi papá se enterara de alguna embarrada; cualquier problema grave, él lo resolvía. Ahora el papá soy yo y me toca resolver a mí, ser el juez castigador de muchas embarradas que antes me parecían chistosísimas. Hoy disfruto cocinar, ¿cocinar? Coño, ya esto es grave.
Mi mamá es tan linda como siempre, es la abuela más alcahueta del mundo, meterse con uno de sus nietos, es meterse a quitarle la comida al león. Pero para mí, en mi obstinada cabeza, ella no es la abuela, ¡es mi mamá!
Hace 40, vivía en Cartagena, iba a segundo grado en el Montessori y correteaba por Villa Venecia. Tenía una cuerda de amigos de todas las edades, la cosa era a puño y patá, se patinaba, jugaba fútbol y al escondi'o. La pasamos tan bueno, que hoy, después de 40 años, aún sigo sintiendolos mis amigos, asi no los vea hace 35. Vivíamos con afán de crecer para hacer lo que nos diera la gana, pero crecimos y aún no llega ese felíz momento de hacer lo que se nos de la gana. Eramos felices y no lo sabíamos.
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