Tuesday, November 1, 2016

Alias el "Profe"


En la época del colegio, nunca valoré, en todo su potencial, tener un maestro enfrente. La literatura, leer y escribir en esa época me eran tan interesantes como, hoy, ver lucha libre mexicana. Profesores tuve muchos, pero maestros solo algunos. Pasó mucho tiempo cuando volví a encontrarlo, pero ya no tan de cerca, ahora vía internet podía leer sus columnas semanales. Un día se me perdió, luego supe que había tenido una lucha cuerpo a cuerpo con la muerte y había ganado.
Volvió recargado, ahí me lo encontré en Facebook y pude aprender a leerlo. Eran descargas diarias, incontrolables. Cuando hacia crítica ciudadana era implacable. Cuando se adornaba con los clásicos, me enredaba. Cuando se le dio por hacer columnas en rima, fue increíble. Escribir de lo cotidiano, su inspiración. En fin, al tipo le aprendía todos los días. Lo que no hice cuando tocaba, lo trate de recuperar de viejo.
Tenía 20 años escribiendo su novela, no alcanzó a verla publicada, espero que lo hagan, así poder leer lo que por tanto tiempo fue esculpiendo, retocando y corrigiendo.
Poco a poco fuimos interactuando y cualquier día ya teníamos charlas directas. Me reganaba porque anduviera criticando, me dijo: “Si quieres aprender a escribir, describe, no critiques”. Nunca le hice caso. Un día me dijo, “Escribe algo y yo te lo corrijo”. Me salió un adefesio de lo peorcito que he escrito.
El regaño dio para que en una columna del Heraldo, sin mencionar mi nombre, me diera hasta con el balde. Luego le pregunté: “¿Era de mí que hablaba?”, me dijo “¡Claro! Me dio pena ponerlo”.
Pero alias “el Profe” podía darse la licencia de regañarnos, nosotros, sus alumnos, lo consideramos un genio de la cultura. Siempre supo cómo decirnos las cosas sin entrar a descalificar o hacer sentir la superioridad cultural que realmente tenia. Ese regaño nos enseñaba, no aplastaba.
Un día, alguien "de cuyo nombre no quiero acordarme", osó discutirle, con malas formas, sobre un error gramatical y ortográfico. Pensé que trapearían el piso con él, pero no, le dio su argumentación y lentamente se retiró.
Creo que la sociedad no valoró en toda su dimensión la joya que él era. Era un lujo que no todos los barranquilleros nos dimos. Su partida es solo comparable con la caída del Teatro Amira de la Rosa, y aún más. El teatro aun podríamos recuperarlo, al profe no.
Habíamos quedado que la próxima vez que yo fuera a Barranquilla, nos reuniríamos. Era una cita que tenía escriturada. No se pudo.
Creo que Barranquilla no tiene a nadie de su talla cultural. Razón tenía Viloria: “Era un extraterrestre”. Muy raro ver una mezcla tan perfecta de cultura y barranquillerismo. Las administraciones debieran tener un espacio para que personas de su talante, pudieran ser aprovechadas, valoradas, la ciudad sería mucho mejor.

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