El Portero barranquillero, que si conoces uno, los conoces todos, y que bien podría ser cualquiera de los de mi costa Caribe, es uno de los personajes más interesantes de mi tierra.
Los de mi edificio eran unos personajes. Opinaban hasta en la más mínima situación, con ellos no hay privacidad, siempre están ahí, parcimoniosos, lentos, flojos, pero fieles, muy fieles. Son amigos de todos, desde el más pequeño, hasta el más viejo del edificio.
Si usted quiere saber algún cuento de cualquiera de los apartamentos, solo hable con el portero. No tiene freno, se sabe todo lo que allí pasa. El cachón, el mala paga, el que tiene trabajo nuevo o el que se quebró, nadie se escapa.
Llegan flacos, calladitos, penosos, pero poco a poco se hacen dueños de su espacio, se hacen parte de tu familia y allí, contigo, envejecen. Mi edificio tenía 4 pisos y 8 apartamentos. Todos los días, según el turno, se comían, por lo menos, entre 5 y 6 desayunos, almuerzos o comidas. Casi todos les ofrecen comida, ¿Como decir que no? Ellos nunca rechazarán algo, nunca te harían ese desaire. A los tres meses cargan un barrigón muy característico.
El de la casa de un amigo, era el 'Playboy' de la cuadra. No había muchacha del servicio que no hubiese pasado por su lecho. Solía robarse la alfombra de la entradita de la casa de mi amigo. Ese era su colchón, el que tenia más historias que el bar de Arjona.
En la casa de otro, eran 4 pisos sin ascensor y nunca funcionó el citofono. Desde el carro uno le gritaba, para que lo llamara. Dentro de su fortín, solo se le veían los pies, el tipo dormía todo el día. Si mi amigo no estaba, movía el pie de forma negativa. Si estaba, el tipo manoteada y desde su puesto, pegaba el alarido "¡Fulano!", yo le replicaba: "¡Flojo!, yo también sé gritar". El tipo se levantaba refunfuñando, volvía a manotear, y arrastraba sus chancletas hasta el apartamento de mi amigo.
Si te gustaba una niña, el portero era clave en la inteligencia. Antes que a la suegra, el portero era pieza fundamental en la operativa de la relación.
Cuando ya era tarde y estabas "poncha'o", una buena opción eran unas cervecitas con el portero. Tampoco te iba a despreciar una. Ese día te enterarás que el novio de la del ultimo piso era maricón, que el del piso 5o le pega a la mujer porque la vieja es cachona; que a la muchacha del 8o le gusta el patrón. Que la señora del 7o fue adoptada. Todo, ese día te vas "full" de chisme. Incluso te 'dateaba' si le gustabas a la del 6o.
Cualquier día te encontrabas sin un peso en el bolsillo, borracho y sin idea donde habías dejado el carro. Agarrabas un taxi y el portero te lo pagaba. Al día siguiente este sacaba todos su conocimientos en finanzas. Te cobraba intereses, retención, te calculaba la DTF y el Libor. Ese taxi salía como si lo hubieses comprado. Pero el problema con el taxista había sido solucionado, sin cruceta ni policia.
El armamento era un palo de escoba, cargado, y una toallita. Valiente, hacia respetar su fortín cual caballero. Hacia inteligencia, daba frente a cualquiera que osara meterse al castillo defendido.
Si llegabas con el mercado, él se encargaba de las bolsas, si se quemaba un foco, y la señora no podía cambiarlo, él era la solución. Cada domingo, brillaba las letras del edificio. Y en las noches se 'rebuscaba' lavando carros en el parqueadero.
Ya casado, y por cosas del destino, fuí a vivir a un edificio. Cuando llegué, ahí estaba él, serio, respetuoso, con mirada inquisidora, pero amable. Yo pasaba con mi esposa y el solo saludaba, muy parco. Al tercer día llegué solo; sin anestesia me dijo: "No joda, ¿Ahora te las vas a tirar de serio conmigo? Yo te conozco. Aquí venías al 3o y cipote de rumbas que armabas", de inmediato supe que en adelante debía portarme bien con mi amigo el portero.
Viviendo por fuera, el portero de mi tierra, es tal vez, uno de los personajes que más añoro. En algunos casos, por seguridad, han puesto vigilancia armada. Esos no son lo mismo. El bueno, el que añoro, es el chismoso, el del palo. Mi amigo.
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