Monday, September 11, 2017

La detestable Irma

Cuando uno va a tomar la decisión de venir a vivir a US, uno evalúa muchas cosas: La plata, las oportunidades, los costos, los papeles, el trabajo, el colegio de los hijos, muchas cosas,  pero esto de los benditos huracanes no está entre las variables a evaluar.

Un huracán es un evento mayor que puede cambiar el rumbo de la vida de uno para siempre; y no es un evento aislado, en el Caribe se forman hasta 9 y 10 animales de esos al año, sólo que muchos se quedan en el agua o hacen estragos en lugares que no generan gran conmoción,  donde los habitantes que los padecen cargan con su calvario sin los reflectores de un noticiero amarillista.

Sólo cuando el monstruo ataca lugares donde la noticia genera réditos es que el evento se vuelve conmoción mundial.

Una de las cosas que más me gustan de US es que las autoridades se preocupan por la seguridad de sus comunidades. Hay alertas tempranas, hay planes de contingencia e información oportuna para minimizar los riesgos de una tragedia.

Pero lo que no me gusta es que muchas veces siento que estos eventos son utilizados para enriquecer a algunos actores en particular.

Cuando esto se presenta, uno no sabe que hacer. Los noticieros son los primeros que montan transmisiones 24 horas, ponen a todos a estar pegados al tv. Los super mercados y las ferreterías venden en un huracán lo que no venden el resto del año. La gente sale histerica, por la acción del noticiero, a comprar cosas que no requiere. El transporte es otro gran beneficiado de la histeria colectiva, venden miles de pasajes a precios elevados por la inmensa demanda de personas que quieren huir.

Esta semana Home Depot vendió madera y tornillos, herramientas, linternas y pilas, como si este fuese el fin del mundo. Las estanterías de Miami competían con la escasez venezolana. Con la diferencia que acá eran rellenadas cada noche para tratar de responder a la desbordada demanda, aunque todo fuese en vano.

No solo las grandes marcas hacen su agosto, tambien había reventa, cual partido de la selección, una lámina de madera de 7 por 4 pies era revendida hasta en 80 dolares. La paca de agua, que regularmente vale 3 dólares, la vendían hasta en 25. Entiendo que hay especuladores presos.

Uno nunca sabe que hacer. Ya tengo 13 años lidiando con el tema. Hasta ahora el 99% de las alarmas, han sido sólo eso, alarmas. Pero pasa como cuando viene el lobo, el día que no pones atención, te come.

Pero tampoco uno puede andar saliendo a correr cada vez que viene uno. Para que se hagan una idea, Irma aún no termina de pasar y ya atrás viene José,  tambien categoría 5. Terminaría uno evacuando cada 8 dias.

Volar en días previos al huracan es carísimo y manejar fuera de la Florida es cuestión de al menos 7 horas de cabrilla.

A los pocos días de venir a vivír acá,  apareció un huracán devastador que entraría por Miami Beach. Siguiendo las instrucciones de mis allegados, me metí con mi familia a un hotel cerca al aeropuerto. Nunca entendí por qué el huracan puede matarte en tu casa y no en un hotel cerca a ella. Me gasté una fortuna, estuve 3 días confinado a un cuarto y el huracan nunca llegó.

Al salir me avisaron que venía otro. Compré comida China y me encerré en mi casa.

Al año siguiente, un huracán nos dejó 8 días sin luz. En una ciudad como Miami es una tragedia.  A mi carro le reventó los vidrios y muchas casas sufrieron daños. Pasaron muchos años, de muchas alarmas, de muchas idas a comprar agua, pero nunca llegaron.

Esta vez estaba convencido de quedarme. No está mi casa preparada. Me tocó cubrir con madera las ventanas. Llegué a pagar más de 200 dólares por cuatro láminas grandes de madera y 40 dólares por dos cajas de tornillos. Pasé tres días trabajando durísimo,  mis manos están maltratadisimas. El jueves terminé mi jornada de carpintero a eso de las 2 am me fui a acostar y me puse a ver los reportes meteorologicos. El tipo explicaba que  Irma era algo nunca antes visto que duraría 18 horas pasando,  hablaba que era 5 veces Andrew, el peor visto acá.

No quise exponer a mi esposa e hijo pequeño a semejante experiencia. Cerré la casa y manejé 15 horas hasta la casa de unos amigos en Carolina del Norte. El huracán se volvió a mover, fue horrible,  pero un poco más benévolo con mi casa de lo que esperabamos.

Mi hijo menor ha tenido una de sus mejores vacaciones, está feliz; mi hijo mayor, quien ahora vive 6 horas al norte de Miami, no quiso salir de su casa. Le temia más al regreso tardio y a perder clases.

Hoy estoy aún aquí confinado, he comido como vaca de engorde, no puedo moverme hasta al menos 3 o 4 días más.  No tengo certeza de qué pasó con mi casa. Sé que en mi comunidad hay muchos árboles caídos, no hay luz y no hay inundaciones.

Hace un año, dos grandes amigos inventaron ayudar a la Guajira. Con su liderazgo llevamos 10 toneladas de agua para aliviarle la sed a los niños guajiros. Hoy ellos sufrieron el embate directo de este monstruo. Sus casas en Naples resistieron lo peor de la tormenta. Estoy muy complacido que hayan salido con bien de esta.

Odio los huracanes, pero mientras siga viviendo aquí,  tendré que lidiar con ellos y la histeria colectiva que generan ellos, y los que con ellos se enriquecen.

FH 09.11.17

2 comments:

  1. Felix me encantan tus blogs! Me rio demasiado! Buen trabajo y me alegra q todos esten bien, un abrazo a la familia!

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  2. Gracias Caro, gracias por leerlos y
    gracias por comentarlo. Un abrazo.

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