Sunday, December 2, 2018

Palo de Agua

Recuerdo, como si fuera ayer, la primera véz que entré a Palo de Agua, yo tendría unos 6 años, mi hermano unos 13 y mi papá estaría en los 39.

Yo vi un potrero con monte alto, no habían, siquiera, cercas; era una tierra plana, cruzada por un arroyo, que en verano se secaba, hasta ser un hilo de agua; al fondo una loma que parecía asegurarse de tener el control de todo.

Eran 17 hectáreas en Villa Nueva, Bolivar; y mi papá estaba convencido de hacerla su tesoro. En ese potrero, enmontado, pastaban los burros y vacas del pueblo, que quedaba contiguo. Las primeras casas daban con lo que se suponía era la frontera de la finca. Vecindad con la que nunca tuvimos problemas, gracias a la dadivocidad, servicialidad  y amistosidad con que siempre se manejó mi papá.

Mi papá,  cual pintor que se para delante de su lienzo, veía que era solo cuestión de limpiar y de atrás de todos los colores, saldría una finca hermosa, con todas las de la ley, la que sería su orgullo y envidia de muchos. Mi hermano y yo veíamos monte.

Yo no me percaté de los palos de mango, de clases que nunca había visto antes, y algunos que aún despues, no los he vuelto a ver. Mi papá sabía ya donde estaría la casa, las caballerizas, el ganado, las porquerizas e incluso cada arbol que allí sembraría.

Era su mármol y él lo iba a esculpir, hasta que detrás de toda esa piedra, apareciera la obra de arte allí escondida.

Aún puedo oler las quemas de monte, yo me caminaba esa tierra de arriba a abajo sin zapatos, sin puyarme un pie. Mi papá gozaba como quien visita por primera vez Disney.

En la parte de adelante, habían tres areas grandes, una sembrada en caña de azucar, otra sembrada con naranjas y yuca, y la otra era potrero para pastar vacas.

Lo primero que se hizo, luego de la desmontada, fue hacer un canal, paralelo a la carretera, que zurcaba la tierra de lado a lado y evitaba inundaciones. Canal que, tiempo después, desaguaría en una represa inmensa que allí se construyó.

La casa fue hecha debajo de un árbol inmenso, con la sombra mas deliciosa que se puediera tener en nuestra calurosa costa; cuando indagamos, dijeron que era un 'palo de agua', por eso la finca fue bautizada con el mismo nombre; la casa de Ramón, el trabajador, tenía los cuartos para él y su familia, además de cocina, una bodeguita y una oficina para mi papá. Afuera construyeron palomares, trajeron las primeras y el resto fue cuestión de esperar con comida y agua. Allí,  cientos de palomas eran libres, no habían jaulas, ellas volaban a donde quisieran y volvían a casa.

Frente a la casa, un quiosco en palma, rectangular, que sería el lugar de las fiestas, parrandas y recepción a visitantes. A ese quiosco le sacaron el jugo, más que a las naranjas.

Si entrabas, mas atrás, estaban las caballerizas. Habían unas 8 o 10 pesebreras techadas. No alcanzó a preveer mi papá que iba a tener mas de 30 caballos de paso fino.

Por todos lados habían árboles frutales, mi papá se obsesionó porque debía tener todas las especies que en ese clima pudieran darse. Mi mamá hacía lo propio con las matas. No sé si lo lograron,  pero yo sentía que habían todas. Cerca al quiosco, una barra de eucaliptos altísimos,  servían de frescor al área del asador de ladrillitos térmicos, otro alcahueta lugar por donde pasaron las mejores celebraciones.

Si seguías adentradote,  luego de las pesebreras, y de un área grande de vegetación,  estaban los cerdos, una porqueriza techada, con todas las comodidades e higiene, que para la época podían tener los marranos. Justo detrás, había una barrera de matas de guineo y plátano.

Cuando ya mi papá no encontró qué plantar, un día se le metió la loquera que iba a tener un árbol de yuca. Por eso sembró uno, a la que nunca permitió que le arrancaran sus raices. Era hermoso, fresco; cómo me encantaría poder verlo hoy, saber si lo dejaron llegar a ser.

Si se caminaba más hacia lo que sería la frontera con el pueblo, estaba un establo para ganado que se mantenía semi estabulado, entiendo que es un ganado que tiene un área pequeña para pastar, pero que duerme en su establo.

Habían vacas, marranos, ponies, muchos caballos, chivos, gallinas, ganzos, gallinas cocá, gallitos de pelea, palomas, patos y el famoso Condorito.

Condorito era un gallo que desde que llegó, supo que era el dueño del corral y como su corral era la finca entera, él decidió que todas las hembras que allí entraran, se debían a él.  Era el 'chacho' de la banda, caminaba con infulas de Pepe Cortizona, de plumaje blanco, le caminaba a todo lo que se movía y a su paso, los machos, solo podrían mirar pa' otro lado. Mi papá lo nombró intocable, hasta un día que picó a mi mamá en una pierna, llevándola hasta el llanto, y terminó flotando en una olla de sancocho.

Palo de agua se volvió un referente de caballistas en Bolivar. Era un paraíso del que un día mi papá se deshizo y nunca supe por qué, y a donde nunca más volví.  Si hoy me ganara la loto, sin pensarlo, iría y la compraba. Pagaría lo que fuera, no importa el mamarracho que hayan hecho con ella, ya yo vi como era y es cuestión de limpiar y detras de todos esos colores, seguro volverá a aparecer ese paraiso que hoy, de pronto, solo existe en mi memoria.

PD nunca compro la lotería, pero bien dicen que cuando es pa' uno, es pa' uno.





2 comments:

  1. Pobre Condorito, no alcanzó a ir al bar el Tufo.

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  2. Jajaja pero bastante que se la gozó... Hasta que le dieron su golpe de estado...

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