Sunday, December 16, 2018

Tal como hace 30

La cita era a las 4.30 pm, pero como buena cita barranquillera, por mi pasaron a las cinco y llegamos puntuales.

En la puerta de aquella capilla donde nos llevaban a misa,  aquella donde cantabamos a todo pulmon el himno del colegio y donde Viloria coordinaba que la primera estrofa la cantara la parte de adelante, la segunda atrás y la tercera arriba, para terminar en un coordinado coro; aquella de la que te sacaban por comer chicle o no tener correa; aquella donde vimos cantar, una y otra véz, a Tulio o el acordeón de Abraham; allí,  estaba ya un pequeño grupo de calvos, barbudos y barrigones, que nos fuimos identificando rápidamente al acercarnos.

La emoción era solo comparable a aquella que sentí en el remoto cuarto de bachillerato, en 1986, cuando entré por primera véz a este, mi colegio.

Mas allá de los pocos cabellos y los muchos kilos, a todos los encontré muy bien. A algunos no veía desde la lejana fiesta de grado, en diciembre de 1988, donde me colé, ya que el año anterior perdí la oportunidad de graduarme justo cuando debía.

La fiesta no me la perdí y aunque a mí no me dieron, al grado asistí; la fiesta me la 'parrandié' hasta que, de la oreja, al medio día, de la casa de Nino, mi papá me sacó.

Los recuerdos se venían a borbotones, por suerte atrás quedó el A y el B, allí solo éramos viejos amigos, esos de los que nunca podrás deshacerte en la memoria, los irremplazables, incluso aquellos con los que no tuve tanta cercanía cuando debí.

Cuando ya eramos más de 20, entramos al colegio, hicimos un tour, pasamos por las oficinas, recorrimos primaria, pasamos por un coliseo, donde antes se jugaron memorables partidos en lo que era la cancha de micro, como olvidar aquel equipo ganador que conformamos con Harold y Moreno.

Llegamos a la cancha de fútbol,  la que era la pechichona de Viloria y el Negro Idelfonso, y hoy tal véz, es el único rincón medio descuidado del colegio. De resto todo está impecable. Las mesitas, la tienda, que ahora tiene techito y kiosco, la de los mejores deditos de hojaldre, que bien podría seguir atendida por Tarcicio; las canchas de basquetbol donde aún yace,  bajo la brea, un zapato apache de Diego Luis, que me dio la impresión aún tenían los mismos tableros, pintados una y otra vez. La piscina que nunca nos tocó, las clases sin los calados y la biblioteca marca Maderas el Sella. Para quedarnos, como guiados por el instinto, parados justo en el espacio donde diariamente formábamos antes de empezar las clases. El colegio está perfecto.

Luego pasamos a la Capilla, hermosa como siempre, por fin pude sentir el aire que salia por las rejillas, que antes fueron de  decoración. La capilla está como si aún fuera ese día cuando uno a uno, pasamos a recoger los diplomas de grado, o como cuando ibamos a misa de 7 los domingos. Ahora le pintaron el techo de azul, de resto está intacta.

Para gran sorpresa, aunque hubiese sido genial tener al Padre Bernardo o al mismísimo Viloria en el altar, tuvimos al Padre Victor Forero, que por unanimidad fue nombrado el 'tipo de mostrar'; pocas promociones tenemos el honor de presenciar la misa de los 30 años, comandada por uno de nosotros, con Steve de sacristán y la fundamental ayuda de Giusepe.

Hoy, incluso, llegaron puntuales Jairo, Nicolas y el gran Marlon, porque hasta ángeles tiene esta promoción en el cielo.

Luego vinieron mas fotos, Pedro Spirko desde las compuertas del colegio, Juanki que tomó la vocería, desde un bordillito pa' poder ser visto. Unas señoras, no sé de cual de todos, que nos ayudaron con la foto grupal y el inmenso agradecimiento a Domingo,  por haber organizado, de manera tan inteligente, esta reunión, que creo tuvo una excelente asistencia. Si no me equivoco, y aunque faltó Pajarito para pasar lista, alcanzamos a estar unos 40, entre unos que llegaban y otros que salían, después de 30 años, es mucha gente para juntar.

Lian, Esteban y Neuman, como embalsamados, parecían que se acabaran de graduar este año. Yo cargando la mayor alopecia, Jaime el campeón de la cana y casi todos con kilos y kilos de experiencia.

En la terraza de Frod, todo fueron risas y cuentos. Otra gran idea de Domingo, que ayudó a la alta asistencia; aunque sé que en Noa, Juancho nos hubiese atendido como reyes.

La reunion dio hasta pa' saber quién era el informante del Padre Bernardo, y su back up; y pa' que Nando Esteban hiciera inventario de los que por su consulta han pasado, hiciera mención de los atributos de Giova y ofreciera descuento al que estuviese interesado en un cariñoso examen de prostata.

Injusto (por la cojera de memoria) y largo resultaría mencionarlos a todos, los que fueron y los que no estuvieron, pero en nuestros recuerdos aparecieron. Me sentí orgulloso de ser Cervantino, orgulloso de los curas, de Barandalla, de José María, de Kike, de Richy, de Naranjito, de Diego Marín, de Altamar y hasta de Mora y Ortigosa. Sé que dejo a muchos por fuera, pero ya, después de 30 años, la memoria flaquea.

Gracias Domingo, gracias Liceo de Cervantes, gracias a mis viejos que allí me llevaron, gracias amigos, espero pronto se repita, ojalá con aún mas cervantinos.

Grande promoción 88, de la que me perdí, pero siempre pertenecí.

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